CAMINO CORRECTO: RESULTADOS POSITIVOS

 

 

G. Belay.- EA1RF.

10/09/15

 

 

Cuando se asume una responsabilidad, el primer paso es conocer el terreno que se va a pisar para no dar traspiés. Por ejemplo, en el área de la radioafición, es elemental y de obligado cumplimiento, conocer el Reglamento de Estaciones de Aficionado, algo que se exige en las pruebas de aptitud para obtener lo que conocemos coloquialmente como la “licencia”. Además de ese conocimiento, está su cumplimiento. Ocurre, a veces y quizás demasiado frecuentemente, que se observa que algunos colegas incumplen, o nos parece que incumplen, alguna norma. Ese es el quid de la cuestión: ¿La incumplen o nos parece que la incumplen? O más: ¿Existe esa norma o pensamos nosotros que existe?

Hay otro aspecto no menos curioso en esta materia de normativas reales o imaginadas, que es la tendencia de algunos operadores a considerar la conducta (la mala conducta) de los demás, obviando la propia. Incluso partiendo de normas inexistentes. Y desde ese “púlpito” se consideran con autoridad moral para señalar a los demás e incluso conminarles a que dejen de emitir en tal o cual frecuencia. El problema que suscitan estas situaciones es la bronca y los malos modos de unos y otros, y por el alcance del medio, el desprestigio que supone para el colectivo de radioaficionados.

Y, sin embargo, si de verdad conociésemos nuestros derechos y el alcance de la normativa que nos obliga, las soluciones a estos conflictos derivados de la concepción subjetiva de las normas, sería tan fácil como elemental, y no me refiero a la normativa estrictamente que nos afecta a los radioaficionados, sino, y desde la pura y dura lógica comparada, a nuestra conducta como ciudadanos del censo, que somos y venimos sometidos al derecho penal, al civil, al administrativo, al fiscal…

Todo el follón (y los daños colaterales) de los incidentes conocidos como “la rueda de 7.110” o el impresentable episodio de “las lentejas”, tiene dos puntos de partida: El primero es la mala praxis de unos operadores poco respetuosos con el medio; el segundo la aplicación de una norma inexistente por alguien que se apodera de la condición de “policía” y pretende imponerla desde una autoridad que no tiene. Como todo este follón está harto difundido, no es el caso entrar ahora en él, sino sólo como ejemplo de quien se equivoca apoderándose de una autoridad que no tiene, y demuestra una ignorancia supina del cómo, si de verdad se estuviese incumpliendo una norma, se ha de proceder en derecho.

El mismo protagonista de estos incidentes, tan estricto como equivocado en la aplicación de la norma y en el cómo se corregiría la infracción en caso de haber existido, no duda en difundir videos en los que se le ve realizado labores divulgativas de la radioafición, en colegios, imágenes en las que sitúa delante de una emisora a una niña para que ella realice un QSO. No es lo mismo hacer una demostración, pongamos que de cómo se conduce un coche, que poner a una niña al volante y decirle que conduzca. Así pues, la voluntad del colega dedicando tiempo a la divulgación entre escolares, de la radioafición, es loable, pero no tanto que un escolar opere una emisora porque le “parece bien” a un voluntarioso colega.

En términos estrictos, no quiero imaginarme que otro colega que estuviese escuchando, hubiese intervenido para decirle a aquella emocionada niña, que estaba vulnerando una ley. Y al colega divulgador, que era, por permitirlo y alentarlo, un irresponsable, de la misma manera que el divulgador intervino intempestivamente en el asunto de la "rueda de 7.110"

Parece que estas prácticas escolares fueron observadas o seguidas o simplemente conocidas, por el presidente de la Federación Digital EA, que en vez de apoderarse de la condición de “policía” y organizar un escándalo radioeléctrico, considerando que se estaba “cociendo” una reforma del Reglamento de Estaciones de Aficionados, se dirigió a la “autoridad competente sugiriendo la conveniencia de que se contemplase la posibilidad de que, escolares, en demostraciones como la antes citada, pudiesen operar estaciones portables específicamente montadas al efecto, siempre bajo la dirección de un colega. Pues bien, la sugerencia de la Federación Digital EA fue aceptada (mientras en la Unión de Radioaficionados Españoles, los vocales se dedicaban a montar “pitostios”) y, ahora, aquel colega tan estricto con los modos de los de la “rueda de 7.110” y tan timorato con su propia actuación en los colegios, ya puede dejar que un escolar opere una estación en prácticas, porque así lo contempla el artículo 30.6 del REA:

Artículo 30. Normas generales de uso.
La utilización de las estaciones y equipos de radioaficionado se ajustará a las siguientes normas:
3. Las estaciones y equipos de radioaficionado pueden ser utilizadas para la transmisión de comunicaciones en nombre de terceros solamente en casos de emergencia o desastre.
4. Todo titular de una autorización de radioaficionado vendrá obligado, a requerimiento de la Dirección General de Protección Civil y Emergencias, del Ministerio del Interior, a colaborar con sus medios radioeléctricos, en las bandas de frecuencias atribuidas al servicio de radioaficionados, para satisfacer las necesidades de comunicaciones relacionadas con operaciones de socorro y seguridad en caso de catástrofes.
6. Las estaciones colectivas podrán ser utilizadas esporádicamente con fines de divulgación y fomento de la radioafición, por personas noveles en dicha actividad, bajo las siguientes condiciones:
a) La utilización de las estaciones se limitará a demostraciones en centros de enseñanza, cursos de divulgación organizados por la asociación titular de la autorización de la estación y en general eventos similares sin ánimo de lucro y de corta duración.
b) La utilización de las estaciones se efectuará bajo la responsabilidad y supervisión directa y presencial de un radioaficionado autorizado con al menos tres años de antigüedad en el ejercicio de la radioafición.

Este artículo dice más cosas, pero basta con las que he acotado para comprobar que sí, que ahora sí se puede permitir que un menor sin licencia pueda operar una estación de aficionado. ¡Ojo a lo que señala el punto 6! cuando deja claro que se trata de estaciones colectivas y en el párrafo b) radioaficionado autorizado.

Pero qué casualidad, este interesante artículo también contempla las situaciones de emergencia, y cuándo y cómo, los propietarios y titulares de una estación venimos obligados a ponerla a disposición de la Autoridad, pero ¡ojo¡: a requerimiento de la Dirección General de Protección Civil, a colaborar con sus medios radioeléctricos, en las bandas de frecuencias atribuidas al servicio de radioaficionados. O sea: todas nuestras bandas y frecuencias sin especificar ninguna concreta.

El presidente de la Federación Digital EA no se apodera de la función de "policía" y escucha el operativo escolar, y sin necesidad de montar ningún pitostio, acude a donde radica la autoridad administrativa y trata de que se corrija el problema que se suscitaba, al permitir que menores sin licencia operasen estaciones del Servicio de Aficionados. Es, el camino correcto que produce resultados positivos. Los incidentes de la "rueda de 7.110" y el colateral de "las lentejas", son la expresión palmaria de cómo, unos y otros (otras), desprestigian la imagen de la radioafición española.

 

 

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