BURROS CON DOS ALBARDAS

 

BURROS CON DOS ALBARDAS

 

 

 

 

G. Belay.- EA1RF.

1/06/2015

 

Es un viejo y sabio refrán, ese del “burro con dos albardas” y es una cuestión recurrente esta que plantea Máximo, EA1DDO, en el "foro de asuntos secretos" de la URE, sobre reconocimiento de meritocracia, sin percatarse de que en la medida que diseña maneras de añadir albardas está despreciando las que nuestros antepasados establecieron y concedieron. Olvida, él y los que se apuntan al “albardeo”, cuando proponen concederlas con carácter retroactivo (no saben ni manejar correctamente el idioma) que en términos de Derecho Civil, la muerte extingue la personalidad, y por lo tanto, se puede conceder un honor a título póstumo, pero más allá de la mención no hay manera de que un muerto ocupe un puesto en una lista de honorables.

Hace años, cuando me confiaron por primera vez la dirección de la revista de la URE, en la “mancheta” donde figuraban los componentes de la JD, iba también una lista de los socios que habían sido nombrados Presidentes de Honor, y coincidió que por aquellas fechas el que era Rey de España, Juan Carlos I aceptó que lo nombrásemos, así que era el primero de la lista de unos pocos elegidos y quizá el único que no había sido presidente de la URE. Como algunos de los de la lista ya habían fallecido, sus nombres iban acompañados de una cruz. Como todos (los vivos) eran de edades avanzadas, las cruces, por imperativo biológico, acabaron constituyendo una especie de cementerio en el que el único vivo era, precisamente, El Rey.

Cuando una persona muere, se extingue la personalidad, como ya dejo dicho, y pretender que esa persona sigue siendo “algo” que ni es, ni biológicamente puede ser, es absurdo. Ponerle al lado de su nombre una cruz, y acabar rodeando de cruces al único de todos ellos que todavía está vivo, es de mal gusto. Y en este criterio coincidimos varios de los que teníamos responsabilidades en la URE y en la revista, y a partir de aquel momento sólo aparecían en la lista los Presidentes de Honor que estaban vivos. Y así ha sido hasta la fecha, y por eso el único que sigue apareciendo es Juan Carlos I.

Los comentarios que alegremente se cruzan en el “foro de asuntos secretos” sobre este tema, a veces, no reparan quienes los hacen, en el desprecio que supone para aquellos que hayan podido ser recompensados con un honor, sea modesto (Botón de Bronce) sea el máximo posible (Presidente de Honor) al decir que fueron concedidos de manera poco fiable… o algo así. Añadiré que desde que Juan Carlos I fue nombrado nunca más se concedió tan alto honor en el entorno de la URE a ninguna persona. Sólo se nombraron algunos “Socios de Honor”, y evidentemente, Botones de Oro, Plata y Bronce.

Cuando de la revista desaparecieron las cruces, algún hijo de alguno de aquellos Presidentes de Honor, lo tomó tan a pecho que prácticamente me retiró la palabra. Algunas personas viven en el pasado y no en el presente, y acaban haciendo de una afición un cementerio.

Sobre el valor de cada reconocimiento, que a los que claman por un “salón de la fama” parece que no les llega nada que no sea lo de “CQ Amateur Radio”, les diría que se den una vuelta por el resto de asociaciones de la IARU y por la propia IARU y comprueben que cada una tiene sus recompensas, y no copian para nada a una revista. A mi, los colegas de la URE de Galicia, me concedieron el “Botón de Bronce” por ser el primer presidente gallego de la historia de la URE (el de Bronce es el único que no concede la AG). El aprecio que le tengo es inmenso, por lo que en su momento supuso. El de Plata, conviene que Máximo, EA1DDO se ponga al día, puede ser específico por méritos como el resto de honores, o puede ser por llevar 25 años de socio de la URE, que son la mayoría. En general, parece que a nadie le parece suficiente el Bronce y la Plata, y todos solicitan para las personas de su entorno, el Oro, de esta manera, se ha llegado a la desvalorización de las recompensas honoríficas.

La URE ha intervenido, siendo yo presidente, en la concesión de dos Medallas al Mérito de las Telecomunicaciones, la primera a Fernando Fernández, EA8AK, y la segunda a Luís del Palacio, EA4DY. En la de EA8AK, casi me atrevo a decir que si no mediase mi empeño nadie se habría acordado de él. En Teleco, de cuando en cuando, se acordaban de nosotros, y en la “fiesta” que organizaban para estas concesiones, cuanta más gente, mejor, y los radioaficionados apenas seríamos tres los invitados. Fernando quedó en que acudiría personalmente a recoger la medalla, y allí estábamos el presidente y el vicepresidente… pero no apareció. Siempre en su estilo, valoró la repercusión en los medios informativos de recoger una medalla en un acto en el que habría otros quince o veinte, a hacerlo días más tarde en Santa Cruz de Tenerife, con todos los medios informativos locales repercutiendo la noticia. Sobre Luís del Palacio, EA4DY, diré que era un marqués que vivía de rentas, y dos de sus hijas, ministras con Aznar, una con recientes declaraciones propias de la extrema derecha más recalcitrante. Era un maestro en temas de electrónica y cuando en España no era fácil importar equipos, él los construía y vendía, sobre todo lineales, muy apreciados... pero defraudando a Hacienda y compitiendo deslealmente con los comerciantes del ramo. Nunca supe donde radicaba el mérito para la concesión de aquella medalla.

Del valor que puedan tener estas y otras medallas tenemos un “valorómetro” (valga el palabro) que determina la realidad: Busquen en la revista cuándo Teleco ha vuelto a conceder medallas y a quién. No hace falta que sean radioaficionados… ya les anticipo que en la revista no aparecen noticias relacionadas con estos actos… ni tampoco en los medios informativos convencionales. ¿Será que toda aquella parafernalia fue puramente ocasional?

Aunque ya lo he contado en reiteradas ocasiones, es bueno recordarlo porque los que pretenden ese “salón de la fama”, a poder ser escrito en inglés (paletos que son), no tienen claro los orígenes de la URE y cómo (igual que Teleco) la parafernalia funciona ocasionalmente. En la URE se nombró “Socio de Honor” a una lavadora. Hasta ahí se llegó.

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