EL CADÁVER PARLANTE (I)

 

 

 

Dicen, no se sabe bien quiénes porque los cobardes siempre esconden sus nombres, en el “cajón de sastre” que se está divulgando en el foro de la URE, que acostumbro a predicar sobre que el “Código Q” no tiene plural, pero que el primero en utilizarlo soy yo; y, presumen de que hay amplia documentación que lo demuestra, si bien todo lo presentan fuera del contexto fundamentalmente en cuanto a fechas, de manera que citan la revista de la que era propietario y editor RADIOFRECUENCIA, o la otra, TRANSCEPTOR, que aunque figura como del Radio Club España, era de la Asociación de Radioaficionados Valencianos, que estaba en pura y dura quiebra y tuve que ir a Alacuas (Valencia) a saldar la deuda con el dueño de la imprenta, un tal Palop, y quedarme con la cabecera.

RADIOFRECUENCIA se editó con un número cero en diciembre de 1976, y, regularmente desde marzo de 1977 a marzo de 1978. Más tarde se editó un número especial dedicado a la expedición española a Guinea Ecuatorial. El sistema de impresión era el clásico en aquellas fechas, primero un original a máquina de escribir o de puño y letra, luego una primera corrección por parte de un especialista en gramática y ortografía, luego pasaba a un linotipista (como una máquina de escribir pero en vez de papel creaba todo en plomo) y, cuando ya estaban listas las galeradas se imprimía una copia para un final repaso. Mi economía llegaba a dónde llegaba, y corregía lo que era capaz de corregir, que vistas las críticas, no era mucho, ni bueno. Pero las suscripciones llegaron a 2.000 que era mucho más de lo soñado y se difundía por toda España. Y con éxito, y con alguna protesta por parte de lectores conservadores por la inclusión de alguna foto de alguna señorita en pelotas, aunque de espalda, ¿eh?

Mis conocimientos en radio eran proporcionalmente inversos a mi entusiasmo, así que apenas entré en la URE aporté aquello que sabía hacer: relaciones públicas con las autoridades locales y provinciales, organización de eventos, algunos irrepetibles, y colaborar en lo que me pidieron los veteranos y amigos del grupo de Ourense.

A los dos años me eligieron delegado regional de Galicia, y con ese cargo electo iba el de vocal nato de la Junta Directiva nacional. A partir de ese momento empecé a viajar a Madrid (con mis recursos) y a participar en las reuniones, a veces hasta tres en un mismo mes. De todos los que formaban aquella numerosa e ineficaz JD hice cierta amistad con un muchacho joven, que aunque oficialmente residía en Ceuta, estaba siempre en Madrid por cuestión de estudios, y conocía a lo que era considerado el poder fáctico, inercia existente tras los largos años de dictadura. Su nombre, Guillermo Perea Rodríguez, EA9EO. Era, porque falleció muy joven, un telegrafista extraordinario y su facilidad para contarme la vida y secretos de los que mandaban en la URE, me fascinaba.

Poco después llegó a la JD, en representación del delegado regional de Canarias, Jacinto Casariego Caprario, EA8AH, hombre de cierta edad, y enseguida como vocal de la JD, otro colega joven: Fernando Fernández Martín, EA8CR/2º operador, que, enseguida, se incorporó al “dúo” en los entreactos de las reuniones, cuando parábamos para comer y para cenar, ya que algunas reuniones comenzaban a las 10 de la mañana y concluían a las 2 o a las 3 de la madrugada del día siguiente.

Fue en una de estas mini-tertulias donde “Wily”, EA9EO, me advirtió de que estaba utilizando mal el “Código Q”, ya que este código no tiene plural; y, Fernando, EA8CR/2º operador, conocedor del inglés, añadió que el apóstrofe seguido de una letra no era plural sino que en inglés quería decir “de”, y me puso el ejemplo de una cafetería llamada “Tony’s” que se traducía como “de Tony”. Cualquiera de los dos, siendo más jóvenes que yo, que tenía 45 años y nula experiencia en radio, eran súper veteranos, y de ellos y por ser los primeros que me dieron cuartelillo, traté de aprender todo lo posible sobre la radioafición, y todo lo posible sobre la “cocina” de la URE.

Fernando, pocos meses más tarde obtuvo el indicativo EA8AK, que había pertenecido a un familiar suyo. Era aficionado al motor, y para él yo no era un desconocido, pues desde hacía varios años era el corresponsal del semanario “AUTOPISTA” en Galicia, y por ahí venía el conocimiento. Un día me contó cómo desde el observatorio de Izaña, en el Teide, montaron un equipo internacional multi-multi para participar en el CQ WORD, que venía a ser el “campeonato del mundo” de radio, que además habían ganado batiendo el récord de contactos y puntos, y me dejó una foto que me desarboló: cuando en la Península no había equipos porque aunque alguien tuviese dinero no había licencias de importación, en la foto había más equipos que operadores. ¡Y de todo aquello, la revista de la URE no había informado nada!

Aquella foto y varias alusiones más a las actividades de EA8CR/2º operador, fue portada de la “nueva” revista de la URE. Además, Fernando consolidaba la sección dedicada al DX con diversas fotos en las que, habitualmente, siempre aparecía él. Lo cierto es que me había convertido en su principal “fan”, y mi admiración era total e incondicional.

¡Quién me iba a decir que mi admirado e idolatrado nuevo amigo, llegaría a ser presidente de un gobierno autonómico y eurodiputado! Por aquellas fechas no hablaba para nada de cadáveres ni de tufillo a necrofilia.

Bueno, me he salido del hilo de este QRX, que no era otro que situar en el tiempo mis incorrecciones en el uso de la gramática y la ortografía, y, sobre todo, en el del “Código Q”, y a quiénes les debo lo que he aprendido en esta materia, y, por supuesto, lo mismo que ellos me inculcaron el buen hacer en la radio (y en la revista y ahora en los foros) siempre entendí que también yo debería de difundir las sabias enseñanzas de dos “monstruos” de la radio. Sobre todo, desde el principio de veracidad.

Todo esto pasó entre 1977 y 1978, que es cuando editaba RADIOFRECUENCIA y después la revista de la URE. Y todo esto, en el "cajón de sastre", se cuenta como información que circulaba en el sistema del radiopaquete, que no existía; aparenta, pues, que ocurrió 8 ó 10 años más tarde, durante mi mandato de presidente; o ahora, que no soy dirigente de nada.

 

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