ACANONES DE BELLEZA FEMENINAV

ISABEL LA CATOLICA, LA MONA LISA Y LA INSINUANTE DAMA DEL ANTIFAZ

 

 

 

 

G. Belay.- EA1RF.

03/09/15

 

 

Sobre la Reina de Castilla y consorte de Aragón, y numerosos títulos más, Isabel La Católica, se han escrito numerosas biografías que sustancialmente vienen a coincidir en lo que fue su vida, me atrevo a decir que oficial, ya que es una reina que manda, que gobierna, que decide, tanto o más que su esposo (y primo segundo) Fernando, Rey de Aragón.

Creo que la mayor parte de los españoles de mi generación conocemos su vida a través del prisma que se nos impuso desde niños, tras la Guerra Civil y la conveniencia de crear y difundir un determinado patrioterismo de los ideólogos franquistas, donde nunca faltó la influencia decisiva de la Iglesia Católica. Han tenido que pasar muchos años para que de este personaje, de méritos históricos indiscutibles, surgiesen historias paralelas referentes a la cotidianidad de sus actos. Por algún lado y ya no sé cuándo, leí que no era mujer que se preocupase en exceso de ella misma, y ¡mira por dónde! murió a los 54 años a causa de la hidropesía, que es la acumulación de líquido en los tejidos del cuerpo, fundamentalmente por funcionamiento defectuoso del corazón, de los riñones y del hígado, justo, (pero justo ¿eh?) lo que ha venido a perturbar mi ancianidad.

Pues leí en algún sitio que esta mujer no tenía grandes problemas a la hora de mudarse la ropa interior… vamos, que no se cambiaba las bragas con una mínima e higiénica frecuencia, sino todo lo contrario. Imagino al Rey Católico regresando de alguna cacería hacia el castillo de La Mota, en Medina del Campo, a la altura de Arévalo, oteando el horizonte y diciéndole a su escudero de confianza: “Rodrigo, percibo que la Reina me está esperando en la torre de Homenaje…”

De esta reina hay mucha iconografía, y casi toda muy similar porque su reinado duró 30 de los 54 años que vivió, y a esa edad aunque ya no se es joven y en la actualidad y con la expectativa de vida ya se ha vivido bastante más de la mitad, en 1.504 sería una edad avanzada. Su medio perfil y el de su esposo, fueron utilizados en los billetes de 1.000 pesetas de los años 50, pero siempre me ha quedado la imagen de una cara redonda, con mofletes y boca de piñón. Claro que la iconografía no es fotográfica sino pictórica, y difícil es que un pintor se atreva a hacer un retrato de una reina del talante de “La Católica” en la que aparezca poco favorecida. Tampoco en los retratos se iba percibir si se había mudado de bragas… ni yo me atrevo a asegurar que esta leyenda urbana sea cierta, pero me ha quedado, desde que lo leí, algo así como un misterioso perfume cada vez que veo un retrato de Isabel de Castilla. Como dijo el clásico: “Si dijeses ser comento, como me lo contaron, te lo cuento.”

Otro retrato lleno de misterio es el de La Mona Lisa (La Gioconda), que según mires la imagen parece que sonríe y si te fijas en la boca, no hay rastro alguno de la sonrisa. Tampoco, siempre desde el análisis de los expertos, tiene cejas ni pestañas, y el paisaje que aparece detrás no coincide ni parece posible que al estar en dos niveles, el agua que allí se aprecia esté en absoluta quietud. La cara de La Gioconda, como la de Isabel La Católica, es más bien redonda, y la boca también me parece de “piñón”. Según los expertos y los datos históricos, Leonardo Da Vinci la pintó sobre el año 1.510, por lo tanto la modelo era coetánea de la Reina de Castilla, y por esa forma de sus respectivos rostros serían esos los cánones de belleza que imperaban. Finalmente y por seguir con los misterios, hay expertos que dicen que la modelo estaba embarazada.

Puede que estuviese La Gioconda, embarazada, y la Reina de Castilla no se mudase las bragas, pero los retratos nos muestran del pecho para arriba, de manera que el embarazo es una teoría basada en la postura de los brazos y manos, y en el caso de la reina, los retratos no incluyen la ropa interior ni aportan perfumes más o menos singulares.

De nuevo, en este tercer ejemplo, el desconocido autor de esta fotografía, capturada en internet, nos presenta a la modelo, del busto hacia arriba, con un antifaz típicamente veneciano, pretendiendo que enseña algo, sin, en realidad, enseñar nada. Todo lo insinúa y deja al morbo del curioso que complete el resto del cuerpo desnudo de la modelo, en este caso, y siempre desde la morbosa contemplación, sin problemas de perfumes añadidos porque al contrario de la Reina de Castilla, no la podemos imaginar con bragas, pues se rompería el misterioso encanto con que, a los que la contemplamos, nos pretende envolver.

La Dama del Antifaz no es Isabel de Castilla, ni La Mona Lisa, pero tiene su gracia, su encanto, su morbo, y el mismo corte de cara, redondo como un pan de hogaza, con esa boca de ”piñón”, que aparentan ser los cánones de belleza femenina de hace cinco siglos. Dato curioso es el antifaz que incluye los colores de la Enseña Nacional, lo que nos lleva a una nueva deducción de que se trata de, o bien un fotógrafo muy patriota o bien una modelo que lleva el halo del misterio a límites insospechados. ¿Será del PP? Digo más… ¿será Soraya Saiz de Santamaría? Recordemos que la vicepresidenta se dejó fotografiar desnuda hace unos años, para una colección de “Interviú” que luego no se publicó, pero que más tarde me parece recordar que publicó el diario “El Mundo”.

 

 

 

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