PRIORIDADES, DESPIDOS Y ECONOMÍA

 

24 febrero 2016

G. Belay. EA1RF

 

 

En el foro libre se está tratando el tema de la posibilidad de despido de parte de la plantilla administrativa de la Unión de Radioaficionados Españoles. Se hacen cálculos y estudios, y se cita la normativa laboral y las posibilidades de plantear un ERE, y, también, no falta cierta dosis de revanchismo al señalar a determinados empleados, cuando el problema económico de la URE no se resuelve personalizando sino evitando la sangría de la pérdida de asociados y con ellos, de ingresos. El apartado del revanchismo contra determinados empleados no me gusta que se haya planteado, porque es, precisamente, una de las quejas de la gestión de los actuales dirigentes, alguno de los cuales parece que ha llegado al cargo para eso, para tomarse la revancha contra los que le vienen señalando por sus continuas cagadas. Mal asunto si pretendemos resolver nuestras cuitas tirando contra los empleados.

El organigrama de la URE es una mentira de principio a fin si lo contemplamos desde la perspectiva del Estatuto. Toda su estructura se basa en que los socios pueden determinar a través de las asambleas generales los servicios que pretendan recibir y las cuotas que sean necesarias para mantener esos servicios. Este aparente derecho ha constituido un fracaso estrepitoso, porque a la mayoría de los asociados lo que les interesa son los servicios básicos. La única Sección que a lo largo de la historia fue capaz de llevar a cabo las posibilidades que le brindaba el Estatuto, fue la de Las Palmas de Gran Canaria, que llegó a tener (si mal no recuerdo) una cuota complementaria para sostener los servicios que prestaba, superior a la cuota básica, o en todo caso, la más alta de todas las de las secciones de la URE. El resto de las secciones se han mantenido en la cuota mínima posible, o poco más, de manera que resulta imposible llevar a cabo el más voluntarioso intento de participar en la representación por falta de financiación. Por ejemplo: en las cuotas complementarias de las secciones debería estar previsto el coste de los desplazamientos de sus respectivos presidentes y socios compromisarios a las asambleas generales de la URE, algo que nunca se ha contemplado y casi todos de los pocos que acuden lo hacen a sus expensas, mientras los 5 miembros de la directiva tienen todos sus gastos cubiertos. En consecuencia, donde deberían estar estos miembros de la AG están unos votos delegados, casi siempre en manos de los directivos o de afines de manera que como suele decir Joaquín, EA2CCG. "todo el pescado está vendido". El sistema falla porque no hay posibilidad de disponer de la financiación de los miembros de los órganos de gobierno.

Mal, si la AG se compone de todos los socios, porque en ese caso hay que disponer un local para (ahora) 7.000 personas, y que todas ellas hagan uso de la palabra en cada uno de los puntos del día, lo que nos llevaría a una duración de varias semanas; y mal si es una AG de representantes (compromisarios) con unos 250 miembros que tienen que pagar de su bolsillo los gastos que generan, y no acuden más allá de 30 ó 40 y el resto delegan la representación.

En suma, si el máximo órgano, la AG (y por añadidura el resto de las asambleas sectoriales) no puede ser financiado en las diversas composiciones que históricamente ha tenido: ¿Cuál es la fórmula que permita una representación adecuada a la realidad y que haga que todos acudan en igualdad de condiciones y sin la patraña del voto delegado? Ese es el meollo de la cuestión, porque para ponerlo más crudo, resulta que si se recurre a fórmulas de menos miembros aparecen voces reclamando, casi siempre de elementos que jamás han acudido a una asamblea.

Con ese panorama encima de la mesa siempre he llegado a la conclusión de como premisa mayor de una gestión, lo importante es dar servicios y soluciones básicos y eficaces a los asociados, obviando la imperfección (y la ficción) de la estructura orgánica. Esos servicios en una afición que tiene como principal característica el individualismo, el encerrarse en un cuarto de radio donde si fuesen dos ya sería una multitud, se prestan desde una plantilla administrativa que conozca nuestra idiosincrasia. ¿Cuántos tienen que ser? No lo sé, porque no estoy allí para considerar la carga de trabajo que puedan tener en la actualidad. Diría que aquellos que los 7.000 asociados puedan sostener. O que, si la capacidad económica no resiste el gasto que genera la estructura orgánica, me cargaría primero toda la parafernalia de secciones y consejos y mantendría una cuota única para sostener el tinglado de servicios básicos. Y que cada grupo montase la estructura que le viniese en gana en cada punto geográfico, si tal quisiesen.

Queda otro capítulo oneroso como es la revista, que sin incumplir el Estatuto, se puede sustituir por un boletín puro y duro, o reducirlo a digital. El ahorro en papel y gastos postales serían decisivos. Todos los medios informativos en papel están atravesando enormes dificultades económicas y en su mayor parte tienen ediciones digitales tratando de sobrevivir con la publicidad y ahorrar el enorme coste del papel, en espera de que en poco tiempo sólo resistan los más fuertes; y la URE no ha de ser menos. La revista en papel con periodicidad mensual, con la entrega de originales 20 días antes de su salida, ha perdido la capacidad de informar, y la inmediatez está en una buena "web". El camelo de los artículos técnicos no justifica el coste de una edición en papel. La desaparición de "CQ Radio Amateur" dejó claro que una edición periódica en papel con artículos técnicos y sin información de actualidad no es viable, y menos ahora que la inmediatez nos llega a través de las redes sociales o de las ediciones digitales.

Sólo tocaría la plantilla si la caída de asociados fuese tal que los ingresos por cuotas descendiesen a la mitad (algo que es presumible a medio plazo) y después de llevar a cabo las prioridades que establezco.

 

 

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