ESTRATEGIA ELECTORAL

 

 

G. Belay.- EA1RF.

02/06/2016

 

 

Parece, por lo que cuentan pues yo no estuve allí, que durante el desarrollo de la última AG de la Unión de Radioaficionados Españoles, se produjo por parte del presidente y candidato a la reelección, una frase de menosprecio hacia el líder de la candidatura alternativa. Dentro del desarrollo de una campaña electoral, que existan descalificaciones entre los candidatos es habitual, y basta asomarse a los medios escritos, radiados y televisados, para comprobar cómo los menosprecios son pan de cada día o de cada telediario. Entonces, el problema no es que existan, sino dónde se producen. Y, en el caso de la URE, nada menos que el menosprecio se produce en una Asamblea General, y lo lleva a cabo el presidente y candidato, desde la mesa de la presidencia de la asamblea.

Si hubiese un Estatuto en el que los poderes legislativo (AG), ejecutivo (JD) y disciplinario (comisiones disciplinaria y electoral) estuviesen separados y con sus atribuciones perfectamente definidas en los respectivos reglamentos, la Comisión Electoral tendría que estar interviniendo de oficio en este lamentable incidente. ¿En qué sentido? No lo sé, pues no hay reglamento que establezca los límites de lo que una JD en funciones puede o no puede hacer; sí, por lógica, lo que no puede hacer es utilizar la presidencia de la AG para menospreciar ni descalificar al candidato o candidatos alternativos. Eso parece evidente, pero ¿hasta dónde podría intervenir la Comisión y qué tipo de sanción procedería? Eso es lo que en el reglamento electoral falta por definir. Ahora mismo, el único sistema disciplinario es el que determina el presidente cuando le ordena al secretario que inicie un expediente (art. 6 y 7 del RRI). Y el presidente (no olvidemos que candidato a la reelección), no va a ordenar al secretario (no olvidemos que candidato a vicepresidente) que abra un expediente contra él mismo. ¿Cabe mayor aberración?

Volviendo a las elecciones legislativas de un estado, alguien, no sé quién ni cuándo, dijo algo así que un candidato alternativo jamás puede ganar unas elecciones si hay candidato a la reelección; sólo, la torpeza del que pretende ser reelegido, motivaría que éste las perdiese. Si miramos la corta historia de la Democracia en España, observaremos que Felipe González, en sus peores momentos, obtuvo resultados que le mantuvieron en el Poder. Y, en la actualidad, Rajoy, pese a todo el diluvio de corrupción, sigue teniendo en las encuestas mejores resultados que los candidatos alternativos.

Un año antes de las elecciones, en la URE, al presidente candidato a la reelección, le basta con dejarse ver por los actos sociales de entrega de diplomas, días del radioaficionado y demás, para con cargo al dinero de todos irse haciendo una campaña. Intentar, por parte de los candidatos alternativos algo similar está fuera de las posibilidades económicas familiares. Por eso, entre otras cuestiones, tienen la batalla perdida.

Pero esa situación, injusta pero legítima para el candidato a la reelección, en la actualidad ya no es tan decisoria, no pesa lo que pesaba antaño. Ahora hay un sistema de comunicación casi presencial que son las nuevas tecnologías, y, a través de ellas, se puede estar en contacto con los electores, bien con páginas “web” ad hoc, bien con correos electrónicos en los que se personalice el mensaje. Este último es un sistema que aporta grandes resultados, si le añadimos las posibilidades de “Twitter” o “Facebbok” o cualquiera, o todos estos nuevos sistemas.

Pero esa posibilidad necesita una mínima estrategia a la hora de ir enviando mensajes en positivo con el proyecto de intenciones, de manera sistemática y no abrumadora, y al tiempo ir señalando los talones de Aquiles de quienes, llevando 4 años en las poltronas, no han sido capaces de alcanzar los logros que ahora prometen. Además de saber hacerlo con una mínima estrategia, precisa buenas dosis de trabajo. ¿Son cinco los que componen una candidatura y algunos más que les pueden apoyar en la campaña? Pues se reparte el curro entre todos y unos serán los ideólogos, otros los estrategas y los más los currantes. Por ejemplo: En la “web” de la URE aparecen todos los indicativos de todos los socios que los tienen. Uno de los cinco se ha de responsabilizar de añadir a cada uno de esos indicativos “@URE.ES”, de manera que se construya una lista de correo electrónico a la que enviar la información una o dos veces por semana, y siempre remitirlos a la “web” de la candidatura para "s información"

Seguro que de esos 8.000 indicativos reconvertidos en direcciones de correo electrónico habrá un buen número de ellos que no tenga ordenador ni línea ADSL, o sean socios durmientes; seguro, pero si de los 8.000 sólo nos devuelven 2.000 quiere decir que el resto sí han recibido el mensaje. ¿Sencillo, verdad?

Mientras algunos aprenden la estrategia elemental para afrontar una campaña electoral con mínimas garantías de ser escuchado, otros, como antes dejo dicho, utilizan los medios de todos los socios en su provecho y no dudan en menospreciar a sus oponentes. La imagen de la URE acaba siendo una mierda. Y los socios, callados como borregos.

¡Vergüenza infinita!

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