PROTOCOLOS, EUFEMISMOS y CHIRIGOTAS

G. Belay.- EA1RF -------------------------------------------------------------------

(17 diciembre 2013)


No he podido seguir en directo la retransmisión de los actos y ponencias del pasado Congreso de la URE, celebrado en Bilbao. Me estoy conformando con visualizar el trabajo que se está poniendo al alcance de todos (pienso) en diferido, y por ahora he visto el acto inaugural, que, dadas las autoridades asistentes es (o debió de ser) el más formal de todos, sin demasiadas concesiones ni a la improvisación ni a las chirigotas. Los políticos tienen una agenda que a veces les resulta además de monótona y repetitiva, un peñazo, que soportan como contraprestación del cargo y momento para hacerse ver de cara a los votos de los que dependen para seguir en sus poltronas.

El protocolo es básico, si la URE quiere dar una imagen de asociación seria con las autoridades que invita y aceptan acudir. Parece que no tiene importancia ni quién habla el último ni dónde se sienta éste o el otro, pero si nos retrotraemos a la no presencia del presidente de la Generalitat en un acto no muy lejano, comprenderemos que sí, que esto de dónde se sienta tal cargo y quién es el último en hablar tiene más importancia de la que parece. No acudió (dijo) porque el presidente de la Generalitat es la máxima autoridad en Catalunya, aunque también, luego (le dijeron) que el presidente del Gobierno de España, en Catalunya, sigue siendo el segundo, tras el Jefe del Estado, en el protocolo, y que ese día estaba en el extranjero y en ese caso, la vicepresidenta, representaba y ejercía, en su ausencia, y por ello, estaba en Catalunya como presidenta del Gobierno de España. Vamos, como si fuese un mosqueo entre niños en el recreo del colegio. Por citar otra anécdota recordaré que el único que se podía dirigir en la TV a las cámaras mirando de frente era el Honorable Puyol (menos honorable si miramos las andanzas de sus hijos), privilegio sorprendente, pero que existe.

La Mesa del acto inaugural del Congreso de la URE celebrado en Bilbao estaba presidida por Pedro, rey de la estulticia, sentando en el centro y tras traspapelársele las notas de su discurso, cerrando el acto medio de pie y medio doblado sobre el micro, con gracietas innecesarias delante de los invitados que, bastante desconcertados, unos se mantuvieron sentados, otros en pie y algunos medio yéndose sin tener claro si el acto había concluido o todavía seguía.

Imaginemos que entre los invitados que aceptaron acudir, estuviese S. M. El Rey Don Juan Carlos, EAoJC. Al fin y al cabo fue invitado, declinó su presencia y envió una carta deseando lo mejor. Como establece el protocolo la carta no la envía El Rey, sino el secretario de la Casa del Rey (ya, perdidos en los eufemismos del mal uso del lenguaje, se habla de la “casa real” que no existe). Pero imaginemos que hubiese acudido en persona ¿dónde se tendría que sentar en la Mesa de acto inaugural: a la derecha de Pedro, rey de la estulticia? Pues no, se sentaría en el centro, presidiendo el acto.

Ya dejo dicho que el Jefe del Estado es la máxima autoridad, y el segundo en el orden protocolario es el presidente del Gobierno de España, el tercero viene a ser el presidente de Congreso, luego el del Senado… y los ministros. Y, si en nombre de un ministro acude nada menos que un secretario de estado, entonces, es éste el que tiene que presidir, el que interviene en último lugar y el que remata con la consabida frase de “queda inaugurado el congreso de la URE del año 2013”. Y, partiendo del secretario de estado se tiene que ubicar (y establecer el orden de intervenciones) al resto de las autoridades, empezando por la que representa al Gobierno de la comunidad autónoma, luego al que representa a la Diputación foral, al del Ayuntamiento, al presidente del CT de la URE y finalmente, al presidente de la Sección. El presidente de la URE debe de estar ubicado a la derecha del, en este caso, secretario de estado.

Cuánta chorradita ¿verdad? Pero de hacerlo bien a hacerlo en plan “amiguetes del alma” va la imagen de un colectivo que, antes de acudir, cada uno de los invitados se ha procurado información para saber qué conviene decir y a quién se lo ha de decir… y todo el mogollón de las diputaciones está ahí, reciente y pesado como una losa. Así que, cuidar las formas es importante y no rematar con eso de que “voy un momento con nuestros invitados y me cambio el uniforme” o algo parecido que dice Pedro, rey de la estulticia, en medio del desconcierto de más de uno y las risotadas fáciles de algunos. Porque es como si dijese: Un momento que me deshago de estos políticos, me pongo cómodo y empezamos.

La Mesa es posible que fuese suficiente para siete personas… pero es que Pedro, rey de la estulticia, ocupa (por su volumen) algo más que un espacio y el resto aparentan que están ligeramente apretados. Que la mesa tuviese un metro más es otro detalle (sin importancia aparente) que define la seriedad con que se afrontan estos actos protocolarios. ¿Tanto hubiese costado un metro más de mesa?

Los eufemismos no faltaron. En algún momento alguien quiso agradecer la presencia de los congresistas y en vez de referirse a que habían llegado desde toda España, dijo que venían de todo el “estado ”. Pues no, y lo digo porque me ha tocado soportar este eufemismo lamentable en bastantes ocasiones y porque aquí, en Galicia, también se utiliza, y a base de repetirlo ya aparece en los medios informativos como una referencia natural. Nadie llegó a Bilbao, al congreso de la URE, desde ningún punto del “estado”, sino de España. Porque el estado no es un ámbito geográfico sino el sistema político/administrativo, desde El Rey al más modesto de los funcionarios del más modesto ayuntamiento… de España.

Estas cosas se aprenden… o se deja aconsejar uno de aquellos que saben. Las gracietas y las chirigotas, las ocurrencias, hay que guardarlas para cuando el congreso es cosa “nuestra”. Y, aun así, conviene administrar todos esos recursos y saber en qué momento es oportuno “tirar” de ellos o mejor, si la providencia no te dotó de esas capacidades, ser discreto y propiciar que el ambiente, el buen ambiente, dimane de los congresistas que son los que lo financian y para quienes se organiza. Recordemos lo que dicen los andaluces, cuya vena graciosa es aparentemente consustancial con su carácter: “La línea que separa a un gracioso de un saborío es imperceptible”. (Bueno: si no lo dicen ellos… lo digo yo).

 

 

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