¿"MARKETING"?

NO, GRACIAS

 

 

 


“Periodismo es contar aquello que alguien no quiere que se publique. Lo demás es marketing”. (Jordi Èvole).

En una entrevista que le hacían a Jordi Èvole, posiblemente el periodista de mayor actualidad y credibilidad por su forma directa de utilizar el medio, dentro de su estilo sencillo, soltó esta frase que es una realidad palpable, a poco que reflexionemos sobre lo que en determinados medios vemos, oímos o leemos a diario. Los medios informativos, y los periodistas que en ellos trabajan, están visible y descaradamente atrincherados cada cual en unas ideas de conjunto, o, y como quiera que la demanda de tertulianos se ha desbocado, como elementos de una guerrilla que va por libre. Pocos reconocen su atrincheramiento porque reconocerlo sería asumir que sus medios informativos o ellos mismos, están bajo la disciplina del “fondo de reptiles”, o sea: de la publicidad institucional, de la publicidad de las grandes empresas que gozan de contratos sustanciosos (a dedo) del Estado, o directamente del “sobre”. Algunos medios escritos, hablados o televisados carecen de recursos económicos para subsistir, y como en más de un caso se ha probado, dependen de los recursos que le aporten ciertos, llamémosles, "lobys", a los que se deben en cuerpo y alma, y como consecuencia, toda su información es adecuada al "loby". Y, entonces, la frase de Èvole toma todo su valor cuando dice que ese tipo de periodismo es puro “marketing”.

Un viejo maestro del periodismo me decía, cuando yo me iniciaba “que los periódicos solo decían dos verdades: el precio y la fecha, que del resto no me fiase, que era todo manipulación”.

Es cierto y es difícil sobrevivir en la información si eres independiente e informas en conciencia y desde la documentación que suscriba lo que informas. Porque contar y comentar determinadas cuestiones siempre es un tanto a favor de la verdad (si está todo documentado) y otro en contra, ya que esa verdad deja a alguien con el culo al aire, y ese alguien suele tener amigos que se escandalizan no de la la conducta del señalado, sino del informador. Es lo que se conoce como “matar al mensajero”. Casi siempre, cuando se informa y señala, el señalado está en alguna poltrona, y por lo tanto, dispone de poder para lejos de asumir su cuestionada conducta, reaccionar utilizando los medios del poder temporal “poltronero” para tratar de contrarrestar la información. Los casos son tan habituales que los vemos a diario en los medios informativos, y como la TV es tan incidente en nuestras vidas, nos enteramos aunque no tengamos intención alguna de curiosear en los periódicos. Y, en la URE, reflejo de la sociedad del Siglo XXI que nos toca vivir, se producen estas mismas situaciones, circunscritas a nuestro hábitat.

En un post del foro de la URE me referí a dos dirigentes en el sentido de que, al no dar explicaciones sobre un dinero pedido públicamente a través de internet, ni cuánto era el montante, ni cuántos éramos los que habíamos respondido a la llamada, ni en qué se había gastado, ni qué resultados se habían obtenido, “se estaban comportando como vulgares chorizos” y esto me valió una denuncia y una condena por una falta de injurias. Tenía que haber escrito “presuntos chorizos”. Las condenas se cumplen pero los hechos probados quedan ahí, en la sentencia, para siempre. Yo cumplo la condena pero los denunciantes visto lo que se dice en los hechos probados, quedan moralmente inhabilitados, insisto, para siempre, dentro del ámbito social. He pagado un precio por ser excesivamente coloquial, pero no he mentido ni mis reclamaciones están fuera de lo elemental. Tan es así que siguen sin dar explicaciones de cuánto dinero recaudaron, cuántos fuimos los que lo enviamos, en qué lo emplearon y qué fines se lograron, de los que se anunciaron como metas a alcanzar. La fiabilidad personal del factótum de esta historia quedó patente en las urnas en las que perdió con los que ahora todos vamos conociendo quién era el líder y quiénes son sus compadres. Es aquello de “nos quedamos en Matamala para evitar ir a Matapeor”.

El pasado mes de mayo no estaba yo para muchas emociones, cuando recibí tres citaciones para acudir al Juzgado de Paz del municipio donde resido a sendos actos de conciliación. Se me acusaba de injurias y calumnias por parte de tres dirigentes de la URE, y se me venían a pedir, además de una rectificación pública de mis comentarios, la friolera de 24.000 euros de indemnización. No hubo conciliación.

Este tipo de denuncias tienen que ejercerse a instancia de parte, lo que quiere decir que no son faltas o delitos perseguibles de oficio por jueces o fiscales o por denuncias de terceros no implicados. Cada uno de los presuntamente ofendidos tiene que presentar su denuncia, y las pruebas de que lo informado y comentado no es veraz. Tampoco se pueden quejar de que sus fotos sean utilizadas y difundidas, porque son personajes que realizan una función pública dentro de un ámbito determinado. No se pueden quejar, asimismo, de que se difundan viñetas con sus caricaturas. O imágenes con efectos añadidos, algo que contemplamos a diario en programas como “El Intermedio” (La Sexta) y otros de esta línea de tratamiento de las noticias desde la óptica del humor.

Pero si, tras las no conciliaciones, alguno insiste, puede ocurrir que acabe en un juzgado de Elche sentado en un banquillo. O que, por razones justificadas, lo haga a través de un “plasma”. Tiempo al tiempo.

No voy a dejar de informar y comentar aquello que entienda que es interesante para los lectores que se asoman a esta “web”. Cada denuncia terminará en una sentencia, en cada sentencia habrá unos hechos probados, y, en Elche, las actas son contundentes, los recibos de haberse llevado determinado material y documentación, todo escrito de puño y letra, no dejan lugar a dudas de la conducta de determinada persona, telegramas y otros documentos están ahí, y lo que es no menos cierto: algunos de los que conocieron y presenciaron todos estos hechos, siguen vivos y espero que, si llega el caso, testifiquen la verdad, la verdad de los documentos que en esta “web” están publicados. Comprendo que es duro de asumir todo lo ocurrido en el "Caso Elche", pero más duro fue para quienes lo tuvieron que soportar.

Tiene razón Jordi Èvole: Periodismo es contar aquello que alguien no quiere que se cuente, como es todo lo concerniente al “Caso S. Fernando” o al “Caso Elche”, por citar dos… que como todos mis lectores conocen, aquí se llevan contado unos cuantos. Y nos queda el “Caso Fernández” que está en elaboración. Del tal Enrique… nunca más se supo.

(Volver a QRX...)