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G. Belay.- EA1RF -------------------------------------------------------------------

(28 enero 2018)

 

Acabo de ver, por enésima vez, la peliícula que lleva este nombre y que tengo grabada. De tarde en tarde la veo, porque me gusta la relación padre/hijo y el veterano transceptor Heat Kit que sirve de nexo entre esas dos personas, de las que una ya no existe, o existe, según convenga al guionista. Hoy no he tenido que recurrir a la grabación porque en "la Sexta" la han repuesto. Tiene un arranque espectacular, dinámico, para luego entrar en el paso del tiempo obligando al espectador a desentrañar el argumento hasta pillar el tranquillo. Luego, sigue una fase confusa de niños que encuentran el transceptor y ya comienzan los diálogos de radio entre los dos protagonistas de la imaginativa historia. Cierto que, enseguida, un radioaficionado, detecta que esos diálogos no pueden ser una conversación tal cual... pisándose algunas frases al hablar los dos al mismo tiempo, pero no es menos cierto que se trata de una fantasía en la que lo imposible es que dos personas hablen por radio uno con el otro desde el mismo transceptor y con más de 30 años de separación en el tiempo.

El argumento cautiva al espectador cuando se trata de la historia del padre, bombero, y su muerte. Pero vuelve a hacerse cada vez más confuso en la medida que el hijo, policía, empieza a resolver y a inculpar a un asesino en serie que, entre otras mujeres, mató a su madre. Todo demasiado atropellado, demasiado complejo, demasiado cogido con alfileres, y la historia decae, el interés desaparece y la película queda claro que los guionistas no han sabido darle un final al relato fantástico que quisieron contarnos.

Con todo, no deja de ser una película de radioaficionados, parecida a "Viaje al pasado" o "Viaje al futuro", o, en este caso, todo junto y sin necesidad de profesor chiflado ni coche increible, sino directamente con un viejo transceptor Heat Kit.

 

 

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