TOQUEMOS MADERA

 

 

G. Belay.- EA1RF.

24/03/2017

 

 

Anda por ahí un exdirigente de una conocida asociación de radioaficionados, que tiene la extraña peculiaridad de ser extremadamente gafe. Por eso antes de nada recomiendo a todos los lectores que “toquen madera”. En toda su vida, y ya tiene suficientes años para llevar tiempo disfrutando de la vejez, jamás ha hecho otra cosa que acumular fracasos, tanto en su vida familiar, como en su vida sentimental y en su vida laboral. Como todos estos continuados fracasos no consideraba que eran suficientes, buceó en diversas asociaciones de radioaficionados logrando puestos de relevancia… y, en todos, el fracaso fue su denominador común. Arruinó familias, hundió negocios, visitó calabozos, llenó de mierda las asociaciones, sembró discordias, perdió la amistad de los que confiaron en él… ¡Una joya! (Bueno: Una mierda).

Su estrategia de trepa, de pegamoide, de rémora, radica en su capacidad de seducir: Aparece en tu vida, te habla como si te conociese de siempre, te enrolla de tal manera que te está lamiendo el culo sin que te enteres. Y no te enteras de que va a su bola.

Es un tipo desarraigado. No acabas de enterarte de su origen, de su profesión (porque no la tiene, claro), de quiénes fueron sus padres… pero lo tienes pegado al culo durante el tiempo que necesita para lograr el fin que persigue. Cuando logra el fin empiezas a enterarte de qué clase de pajarraco es el sujeto.

Ha fracasado como dirigente de la asociación antes mencionada, y sin que existan explicaciones ha dimitido y se ha esfumado. Pero, últimamente, me ha llegado información de que ha puesto en marcha el teléfono (la tarifa plana es la repera) y se está dedicando a filtrar informaciones confidenciales a colegas con los que, bien mirado, nunca tuvo amistad como para que sean destinatarios de tales confidencias. Bueno, esto lo podríamos clasificar como cotilleo de portera, sino fuese que las confidencias señalan que determinadas personas (entre ellas uno de los cinco directivos de la antes citada asociación) padecen enfermedades graves y de carácter terminal. Vamos: que se van a morir a corto plazo.

No es que me haya señalado a mi; yo estoy enfermo terminal desde hace varios años, y si dentro de un par de meses alcanzo los 86 cualquiera puede deducir que mi enfermedad es irreversible y se llama vejez. Por eso no necesito “tocar madera”. Madera la tienen que “tocar” aquellos que ha señalado en sus confidencias telefónicas el pajarraco, ya que son personas que todavía están lejos de mi situación biológica, especialmente ese miembro de la JD en cuestión. Porque hay que ser un gafe compulsivo para “largar” este tipo de confidencias y dejar señalado a un determinado colega de entre los cinco que componen la cúpula dirigente de esa, tantas veces citada pero sin dar su nombre, asociación.

Comprendo que mis inteligentes lectores se estarán planteando la pregunta de ¿cuál de los cinco es el que se va a morir? El que se va a morir no lo sé y espero que ninguno llegue a ese trance sino como yo, por imperativo biológico; lo que sí sé es el nombre e indicativo del señalado en la confidencia del pajarraco, que no puedo revelar por pura decencia. Así como también el de los otros colegas no dirigentes.

Tampoco revelaré quién es este individuo. Aunque más de uno estará pensando en un nombre y en un indicativo, y seguro que aciertan…

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