HIJOS… PREOCUPADOS PADRES CULPABLES

 

 

 

Internet es un medio de comunicación importante, al punto de que todos los medios escritos, radiados y televisados disponen de una edición digital que complementa a las otras, especialmente, por su inmediatez. Algunos periodistas habían fundado periódicos digitales y en la actualidad, este tipo de ediciones son legión. Asimismo, no hay empresa que no tenga su “web”, lo mismo que las asociaciones deportivas, las culturales, etc.

Cualquier noticia, cualquier rumor, salta de inmediato a las ediciones digitales. Y en todo el mundo. Además de todo esto, que ya es mucho, las redes sociales a través de “Facebook” y “Twitter” son otro medio de difusión de opiniones, noticias, fotografías, caricaturas y vídeos de todo género.

En base a todo este movimiento informativo digital, un padre pone en antecedentes a un juzgado, ya que determinada “web” fue encontrada por el hijo y varios de sus amigos y compañeros de clase mientras navegaban por la red, con el consiguiente malestar entre sus familiares y sus repercusiones con sus amistades que dudan de su integridad.

Leído este párrafo se me ocurre lo que estará pasando Urdangarín o su suegro y abuelo de sus hijos, Don Juan Carlos, cuando en el colegio, en vez de estudiar, estos niños “naveguen” por la red buscando no se sabe bien qué; o los hijos o nietos de Blesa, por citar uno de los nombres que más aparecen estos días en los medios; o los de Bárcenas; o los de Correa; o los del “Cachuli”; o los de la Pantoja; o los de todos los que se relacionan con presuntas corruptelas y que, como todos sabemos, incluso algunos acaban durmiendo en prisión.

En todos estos casos tiene que reinar un “consiguiente malestar” entre los familiares (no solo los hijos) y las repercusiones con sus amistades que dudan de su integridad. Claro, es cierto que el hecho de que todas estas noticias circulen por los medios y por la red, producen malestar, y aunque en el texto acotado no se entiende bien (el padre escribe con pocas luces y hace suponer que cuando estudiaba estaría entretenido en otras cuestiones) si las amistades que dudan de “su integridad” son las del hijo o las suyas, a mi también me preocuparía que mis biznietos (si los llego a tener) en vez de utilizar el ordenador para ampliar sus conocimientos escolares, lo empleasen para “navegar” y se entretuviesen en las páginas que ofrecen sexo anal, sexo bucal, sexo manual o sexo del otro.

Imagino que todos estos personajes a los que antes me he referido, y siempre respetando el principio de inocencia, visto que lo suyo son los pelotazos y disponen de jugosas cuentas corrientes, hayan puesto en marcha a través de los mejores bufetes de abogados una tormenta de querellas contra los titulares de los soportes informativos, bien escritos, hablados, televisados o digitales, porque una cosa es ser un presunto chorizo y otra que todos estos desgraciados de los medios informativos, encima, vayan, y lo cuenten.

También, imagino, que estos padres, abuelos o bisabuelos, según edades y casos, se habrán percatado de que sus vástagos “navegan” por extrañas “web” buscando, quizás, presumir ante sus compañeros de clase de “cuánto de importante es su papá” y ¡mira por dónde, su papá es un presunto chorizo! A poco que deduzcan, deberían de tener claro que los “niños” del Siglo XXI manejan estos artilugios con conocimiento de causa, que “saben” lo qué buscan, y no siempre es aquello que piensan los padres.

Esta reflexión sobre los incidentes que en la “red” podemos encontrar, también puede alcanzar a la vida profesional de los padres, a sus empresas, a las inserciones en los Boletines y Diarios Oficiales, a las numerosas “web” de las asociaciones civiles, a las de su estructura territorial… y claro, como decía aquel: “Si no las haces… no las temas.” Porque si las amistades se mosquean y dudan de la integridad de alguien, es que la base documental no deja lugar a la confianza; o que lo que los niños encuentran “navegando” por la red, ya lo venían sospechando. Nadie cambia, por mucho que “naveguen” por la red, de una hora para otra, el criterio sobre la honradez de una persona.

 

 

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