SOCIALMENTE INCORRECTO

 

 

 

G. Belay.- EA1RF.

06/05/2018


Mi hijo Gonzalo ya no está. En un abrir y cerrar de ojos pasamos de estar tomando unas cañas, a la muerte. Así de duro, con lenguaje sin eufemismos. Un poco como siempre ha sido mi estilo, creándole situaciones críticas a la dirección del Diario en el colaboré muchos años de mi vida profesional, en plena Dictadura, cuando te la jugabas. Por la mañana, aparecía alguna colaboración mía donde le llamaba al alcalde “badulaque y mamarracho” o al obispo “especulador sin escrúpulos”. Entonces se producía una llamada de “advertencia” al director, don Alejandro; y luego al consejero/delegado, mi amigo José Luís; y, finalmente, recibía un aviso de que me querían ver en la redacción. A veces te llamaban a la comisaría o directamente unos matones del Régimen te esperaban para darte unas hostias. Era otra época.

Mi hijo tenía muchas personas que le apreciaban. También compañeros. Además de la relación padre/hijo, éramos amigos. Lean bien, por favor: amigos. No era ni mejor ni peor que la mayoría de los seres humanos que vivimos en sociedad. Que yo, su amigo, sepa, no le hizo mal a nadie.

Miro hacia arriba y pregunto: ¿De verdad eres el Sumo Hacedor? ¿Es cierto que eres infinitamente justo? ¿Por qué, si eres el que quitas y pones has señalado a mi hijo? Porque, metidos a señalar, Tú, que todo lo puedes y todo lo sabes, tienes un amplio abanico donde escoger… El “Chicle”, los cinco de “La Manada”, el Sito Miñancos, los Charlines, el Oubiña… o el magistrado del “problema peculiar”… todos socialmente repugnantes. ¿Qué pasa: estás de vacaciones? ¿Por qué, siempre te escondes? ¿Será… que no estás?

Es cierto: soy socialmente incorrecto. Respeto profundamente a los que tengan otras creencias, pero a ellos les pido que respeten mi dolor de padre y amigo, mis dudas, mi absoluto desconcierto. Sobre todo mi derecho a expresarlas con la misma libertad, incluso con un alarido, que ellos expresan sus creencias. Pero soy un padre que tengo derecho a manifestar mi dolor y mis profundas dudas, y lo hago hasta donde sé y puedo, o me dejan, en román paladino, en el que suele “fablar el pueblo a su vecino”. Cosas de la edad… sí, será eso: Soy socialmente incorrecto porque como decía otro de los clásicos: “tengo los cojones negros del humo de 100 combates”.

 

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