DE RECORDERIS

 

 

 

G. Belay.- EA1RF.

11/07/15

 

El 5 de enero del año 2012 publiqué un "QRX" que a las pocas fechas y dejándome llevar por la confianza que pensaba que debería depositar en Pedro Fernández, interventor (a la sazón) de la Unión de Radioaficionados Españoles y ahora presidente, fue borrado como el resto de la información de esta "web", precisamente tras cederle un programa para que él mismo borrase lo que estimase oportuno, a fin de que pudiese reinar la paz en una asociación cuya imagen estaba revuelta en la mierda generada por alguien que ya no contaba para nada, y las relaciones intersociales convulsas a más no poder. Lamentablemente, me equivoqué, una vez más, al confiar en quien no lo merecía. Toda la información fue borrada con la coartada de la paz social, pero en paralelo comenzaba, por parte de los nuevos dirigentes, la caza de sus predecesores.

Entre otras aberraciones, en el "QRX" que ahora desentierro por su actualidad y la falta de información fiable de las desviaciones de los gastos se supone que justificados del presidente, implica que el socio tenga claro que, mientras los dineros estén a la vista, los gastos presidenciales podrán ser controlados al céntimo; pero no tanto, si ponemos muchas barreras, pues entonces buscarán la manera de aparentar que hacen una cosa cuando en realidad está pasando otra.

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INJUSTO, DISCRIMINATORIO

Y NULO DE PLENO DERECHO

El artículo 24 del Estatuto decía:

“Los miembros de la Junta Directiva y de los restantes órganos de gobierno desempeñarán gratuitamente sus cargos, sin perjuicio de poder ser rembolsados por los gastos debidamente justificados que el desempeño de su función les ocasione.”

De este texto algunos miembros de la actual JD dedujeron que quienes les precedimos en sus cargos incumplimos el Estatuto, al percibir por anticipado los gastos que el desempeño de las funciones ocasionaban. Sin embargo, el párrafo en el que se basaban (poder ser rembolsados) no dice que no se pueda percibir por adelantado la previsión de un gasto rutinario que se conoce para qué, cuándo, dónde y cómo se va a producir, sino aquel o aquellos otros no previsibles y que surgen en el desempeño del cargo (por ejemplo: un taxi o una invitación a un político o a un anunciante de la revista o a un dirigente sectorial). Este es el matiz diferenciador entre una tan precipitada lectura del artículo 24 y otra más evidente.

Además de alguno de los miembros de la JD, en esta misma conclusión estaban algunos otros miembros de otros órganos de gobierno, o sus “personales y misteriosos” asesores, y no tardaron en hacerse notar.

Quizás alguno de ellos meditó sobre su precipitada lectura, y semanas después, en un pacto impresentable, como todo lo que se pacta a espaldas de los socios, decidieron modificar parte del Estatuto, y entre lo modificado, aparece este añadido al artículo 24:

“(…) pero no podrán percibir cantidad alguna por adelantado ni se les suministrará tarjetas de crédito con cargo a la URE.”

Por lo tanto y por el simple hecho de añadir esta estupidez, queda claro:

a) La lectura de alguno de los miembros de la JD (y de los demás miembros de otros órganos de gobierno) fue precipitada y crítica para los anteriores dirigentes, pues si tan claro lo tenían en la redacción original ¿para qué añadir nada?

b) El añadido está mal redactado, pues no se entiende si no podrán percibir cantidades por adelantado “con cargo a la URE”, o lo que no podrán es disponer de tarjetas de crédito “con cargo a la URE”.

c) El artículo 24 además de injusto y discriminatorio, con esta redacción es nulo de pleno derecho.

Si los dirigentes no pueden percibir cantidades por adelantado, de inmediato se torna en injusto y discriminatorio, pues establece dos clases de socios:

a) Los que tienen patrimonio y están dispuestos a anticipar cantidades de su peculio familiar, para el desempeño de sus funciones.

b) Los que no quieren o no pueden anticipar los gastos que generen sus potenciales funciones de dirigentes, y por lo tanto, quedan discriminados para presentarse a elecciones a cargos en la URE.

Hace años, en la URE, la JD la componían 14 directivos electos y otros tantos delegados regionales (vocales natos). Era frecuente en el seno de la propia junta y en las asambleas, en los debates de las cuentas y del presupuesto, que algún socio fuese crítico con la gestión, y, casi siempre, algún dirigente tomaba la palabra con gesto de cabreo para tratar de zanjar el debate con una frase clásica: “A mi ser dirigente de la URE me cuesta dinero” y con esto y que todos “éramos unos caballeros”, solía acabarse la postura crítica. Por otro lado (todo hay que decirlo) las compensaciones económicas eran parcas, y si el gasto era mucho, se debía fundamentalmente al excesivo número de miembros de aquellas directivas.

Cuando se modificó el Estatuto y se redactó el artículo 24, y metidos en campaña electoral, una de mis promesas era que nadie de mi JD, si yo fuese elegido, podría nunca quejarse de que el desempeño de sus funciones le obligase a anticipar ni un céntimo de su peculio. Y, una vez elegido, esa misma premisa la expuse en todos los debates de todas las asambleas, al rendir cuentas y al presentar el presupuesto para el año siguiente. En algún caso llegué más allá: “Si alguien entiende que puede gestionar la URE mejor que yo y con menos coste, no tiene más que decirlo, y aquí mismo lo nombro vicepresidente y dimito para que acceda a la Presidencia.” Y, en otras ocasiones fui más tajante: “Mi gestión cuesta lo que cuesta, y los resultados están a la vista. Si me cortáis las alas (presupuesto) no hay problema, dimito, y que venga otro y lo haga mejor”. Como fueron muchas las asambleas, en otra recordé: “Cuando accedí a la presidencia de la URE, y según aparece reflejado en la revista, la JD que presidía el señor Esquius debía 22 millones de pesetas, sobre un presupuesto de unos 40. A los dos años de mi presidencia, la URE había cancelado todas sus deudas. Esa es mi gestión.”

Pudiese parecer que fuese demasiado expeditivo al presentar tales argumentos, pero aquella era una época en la que veníamos de una dictadura, los socios (siempre de edades avanzadas) eran mayoritariamente conservadores y poco dados a aventuras, y en mi cabeza había un proyecto que caminaba hacia unas metas, parte de las cuales se alcanzaron y parte se quedaron en el cajón de la mesa. Pero una cosa es cierta: De menos 22 millones a un patrimonio inmobiliario de (burbuja incluida) de 120 invertidos, dato puramente material, pero, en medio, reformas importantes de la administración de la URE, eventos internacionales (algunos irrepetibles) varios, congresos, jornadas, y en suma, vida social.

Como el tiempo pasa para todos (y más para mi que me quedan unos pocos telediarios), vinieron “otros” y vivieron de la renta del patrimonio que generamos sin aportar ni un solo recurso que no sean las cuotas, se llevaron lo que se llevaron, no se privaron de firmar documentos falsos, y dejaron la imagen de la URE por los suelos. Ahora, hay otros diferentes pero que les queda mucho por aprender, y que seguro que lo harán bien, cuando se olviden de “jugar a halcones y palomas”.

La redacción del artículo 24 del Estatuto es nula de pleno derecho porque conculca los derechos que establece el artículo 11 en cuanto a poder ser electo de cualquiera de los órganos de gobierno de la estructura jurídica de la URE. Este artículo tendría que haber sido modificado a la par que el 24, en el sentido de “siempre que el socio esté dispuesto a anticipar de su peculio familiar, los gastos que el desempeño de sus funciones ocasione”. Naturalmente, tal cosa es impensable, y de ahí la nulidad del artículo 24.

Si vamos a la Ley de Asociaciones, el artículo 2/5, dice:

La organización interna y el funcionamiento de las asociaciones deben ser democráticos, con pleno respeto al pluralismo. Serán nulos de pleno derecho los pactos, disposiciones estatutarias y acuerdos que desconozcan cualquiera de los aspectos del derecho fundamental de asociación.”

Dividir a los socios entre los dispuestos a anticipar dinero a la URE y los no dispuestos, conculca el principio de igualdad democrática y por lo tanto un derecho fundamental de la Asociación. Tampoco se cuidaron los críticos redactores de la estupidez en respetar lo que dice párrafo 1 del referido artículo 7: “Los Estatutos deberán contener los siguientes extremos: g) Los criterios que garanticen el funcionamiento democrático de la asociación." ¿Es democrático exigir que un dirigente anticipe a la URE, de su familiar peculio, dinero?

Pero aun hay más, pues el artículo 7/2 dispone: “Los Estatutos también podrán contener cualesquiera otras disposiciones y condiciones lícitas que los promotores consideren convenientes, siempre que no se opongan a las leyes ni contradigan los principios configuradores de la asociación.O sea: no es lícito imponer a ningún socio que anticipe ni un céntimo de su peculio familiar, porque se contradicen los principios configuradores de la igualdad de derechos de todos los socios, dando ventaja a los situados económicamente.

Ya lo dijo no sé quién: “Vísteme despacio, que tengo prisa”. Y en asuntos de estatutos, ni te cuento.

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