¡¡¡JODIDO!!!

 

 

 

A estas horas tenía que estar sentado en una silla en una playa de la preciosa Mariña Lucense, sin duda, la costa y las playas que más me gustan de Galicia (o de la Península) y he de añadir que conozco casi todas, y más: las conozco desde cuando se podía acampar por libre y no existía la lamentable especulación que llegaría después. Me gusta A Mariña Lucense porque de todo lo que era auténtico en Galicia es lo que va quedando a salvo del cemento y del ladrillo. Tenía que estar como estuve el mes pasado, sentado, con la marea baja y el agua acariciándome los pies… o arriba, en el borde del acantilado, igualmente sentado, mirando a la mar y ahora recibiendo la caricia de la brisa. No es literatura: Es el paraíso a tiro de piedra y de presupuesto.

Vendí la caravana en enero y la vinieron a recoger unos días antes del fallecimiento de mi esposa. Más de tres años sin poder salir y el convencimiento de que en ese divertimento que había durado desde el primer año de matrimonio ya no tenía futuro, me empujaron a hacerlo. Y, ahora, había decidido salir después de tantos años, sólo, con Ella en el recuerdo, y con una tienda de campaña que compré en una oferta de “Decathlon”, volviendo a los orígenes de esta bonita afición. Esto supone una filosofía totalmente diferente de la de la caravana o de la de la autocaravana, y por eso decidí ir, y probar. Y en agosto, volvería a pasar 15 ó 20 días… además, me quedó el compromiso de visitar en Foz a un colega que en julio estaba navegando y vendría, según me dijo su gentil esposa, de vacaciones en agosto. ¿Por qué? Porque en mi deambular había localizado unas antenas… ¡en un hórreo! No es el primer colega que se instala en un hórreo, pues ya en la ría de Vigo hubo otro, al que le perdí la pista, que se había montado un mini apartamento en Coruxo. Así que tengo que volver y entrevistarlo, y fotografiar ese curioso y singular cuarto de radio.

En A Mariña Lucense la temperatura era de unos 20 grados; en Ourense, de más de 40. Un agobio. Y achacando el malestar y la sensación de ahogo y fatiga a un posible golpe de calor, decidí acercarme a “urgencias hospitalarias”: Arritmia desbocada y FA, que traducido significa “fibrilación auricular”, dolencia, al parecer muy extendida y que afecta a muchos ancianos, como es mi caso. Después de todos los protocolos de las “urgencias” y de varias horas en observación, a planta, donde me tuvieron entre pitos y flautas 5 días porque la arritmia no se daba controlado. Paciencia, buen humor, buen rollo con los compañeros de habitación, y de cuando en cuando con los familiares de estos, y alta, con tratamiento específico de “Sintrón”. Se trata de mantener el flujo sanguíneo en una determinada densidad para que la válvula auricular trabaje sin esfuerzos añadidos, y, así, evitar un ictus u otro accidente vascular. Vale, pero hasta que sentí la fatiga mi condición física era más que aceptable... y ahora...

Como buen paciente, aunque sin tener claro para qué, en mi caso y a mi edad (¿cuántos días, o semanas, o meses o años, que no sean los previstos, prolongaré la vida?) puede valer la pena seguir las instrucciones de los médicos, las estoy siguiendo a raja tabla, y me pincho la barriga, me tomo las dosis de no sé cuántas pastillas… y cada 5 días acudo a un control para ver si voy subiendo a los niveles requeridos. Van tres controles y todavía me faltaba alguna décima, pero el sábado pasé mala noche y el domingo, a última hora, decidí acercarme a las dichosas urgencias.

Otra vez el protocolo, otra vez varias horas en un “box” en una camilla diseñada para ciudadanos de corta talla… y después a una planta de observación, por fin, en una cama, y con todos los tubos y aparatos conectados hasta parecer “Franco, ese hombre” visto por el marqués de Villaverde. Mis vacaciones (y mi salud) se están yendo al carallo. Tras 18 horas la médica me dio el alta y me mandó para casa; reforzando el tratamiento con unas inyecciones más fuertes. ¡Joder: tengo la barriga hecha una mierda!

Mi hijo me vino a recoger con mi nuera, que está de vacaciones, y nos vinimos para casa: “su” casa, claro, que está a 300 metros de la mía, donde comimos para después de una ligera sobremesa, venir para la mía. Siesta y sobre media tarde me preparé para bajar a la farmacia (está a 200 metros de mi QTH), y, de paso, “volver” a urgencias ya que me había dejado olvidada una pequeña “joya” que es una almohadilla hinchable adaptada al pescuezo, y que, dada la experiencia que voy acumulando, perfecta para cuando estás en el “box” en esas camillas que no tienen almohada. Así que me fui para allá, que suponen unos 10 kilómetros del referido QTH. Y ya, metidos en aprovechar la salida, parar en la gasolinera, que es lunes y es cuando está el combustible más barato. O sea: apenas unas horas después de recibir el alta ya estaba meneando el rabo. Al regreso paré en el pueblo, ya eran las ocho de la tarde, me tomé un refresco, leí lo último de Bale, de la anemia de Neymar y desestimé las noticias de la política y la resaca del “fin de la cita”. Cuando me disponía a subir al coche apareció un sobrino que, además, es mi ahijado, y se interesó por mi salud, al tiempo que me interesaba por la de su padre (mi cuñado) que está no se sabe bien cómo… Cuando le expliqué lo de la fibrilación auricular (supongo que con cara de circunstancias) poco menos que se partía de risa: “Eso lo tengo yo desde hace ahora 4 años, y ya ves, como un roble”. Es cierto, a sus 50 años debe de medir algo más de 1,80 y su aspecto es bueno. Ya, cuando estaba en casa preparándome para el autopinchazo me acordé de él, y del talante con que me dio ánimos. También, de cuando estás esperando en la consulta y los controles, de la gente, la procedencia y las edades. No digamos cuando estás hospitalizado.

Un día en no sé qué tema de RADIOAFICIONADOS escribí algo sobre que el Estado tendría que llevar a todos los niños, a lo largo de sus estudios, dos o tres días, para que conociesen Lanzarote y el esfuerzo del hombre por la supervivencia en circunstancias adversas; creo, ahora, que todos los ciudadanos deberíamos de pasar, de cuando en cuando, dos o tres días hospitalizados para que pudiésemos visualizar aquello que no se nos muestra sino en caso de pérdida de la salud. Porque ese mundo está ahí, aunque no lo veamos, y hay que aprender que existe, y saber acercarse a él sin que todo se nos venga encima. No vale imaginar que existe o ver series de la tele: hay que “pasar” por la experiencia y sentirse dentro de ese mundo.

Como llegado a esta reflexión se hiciese tarde, decidí hacer una pausa y acostarme. Nadie sabe, si no pasó la experiencia, el sumo placer que supone acostarte en tu cama, espatarrarte y dormir siete horas de un tirón, tras haber estado en una camilla de urgencias, incluso en una cama hospitalaria. Y por eso este personal QRX lo empecé ayer y lo terminaré hoy. Por cierto que antes de ponerme al curro de contar estas cuestiones que es posible que no le interesen a nadie, he bajado a la ciudad para ingresar 56 € en una cuenta del Juzgado de S. Fernando. Así se estableció que cumpla la sentencia pecuniaria que me impusieron y que, por ser mi pensión muy ajustada, voy a estar ingresando esta cantidad durante unos cuantos meses… y ya dice el refrán que “no hay mal que por bien no venga”, y es cierto: Si fraccionan en varios meses es que dan por hecho que viviré esos meses… de la misma manera que hace un par de años, cuando renové el permiso de conducir, pensaba que lo harían por un año… y me lo renovaron por cinco, así que entre unos y otros, aparentemente, me otorgan plazos de pericia o de pago, según los casos, que determinan que para disfrutarlos o cumplirlos deberé de estar vivo. Y ya se sabe: cada año que supere la media de la expectativa de vida de un hombre (79 años) supone que otro no llegará nunca a la edad que voy disfrutando. Lo de la estadística del “pollo” que decían cuando Franco: “Los españoles comen un pollo cada 15 días”. Y uno de los que no comían pollo en todo el año gritó aquello de “¡Eh, oiga: mire se hay alguien que se está comiendo los pollos que me tocan a mi!”

Esto de la estadística es así, y lo peor es que se cumple y no importa si eres rico o pobre, rentista o pensionista, obrero o guardia… ¿Guardia? ¡Pues claro: los guardias, los médicos, los ingenieros, los abogados, los periodistas...! ¿Eres supersticioso? Yo, para nada ¿y tú? ¡Toco madera! Desde luego, si eres guardia y vas en moto al curro… ¡cúidate! ¡No jodas, tío! No jodo nada: pero si hay que compensar los años que tengo para saldar mi condena, a alguien hay que adjudicárselos… y eso de ir al curro en moto es un riesgo importante. O tener sobrepeso. O adelgazar en exceso… que yo estoy recuperando los 5 kilos que perdí en mi primera estancia hospitalaria. Sí, además, Fernández está de viaje celebrando con su esposa las “Bodas de Plata”. Sí, y está siguiendo mis consejos de acercarse a las bases, aunque ha de tener cuidado que por la zona de Málaga hay “escuálidos” e igual le tiran un bocado… ¿Escuálidos? ¡Hay, perdón, quise decir escualos! Pues… en fonética se parecen pero en la realidad… ¿En la realidad?: Una caricatura, pero no sé por qué me salen personajes decrépitos de medio siglo… jejeje.

Lo importante es que mis vacaciones están medio jodidas, y el jueves iré a control médico; si me quitan los pinchazos (la verdad es que tengo la barriga que parece un Pirelli de F1) me largo para A Mariña Lucense, y, si no me los quitan y el control se espacia al menos 7 ó 10 días, lo pensaré. A su vez, lo importante es que el presidente Fernández disfrute de sus vacaciones y de esas “Bodas de Plata”, que es curioso que de las mías no me acuerdo, pero sí de las de “Oro” que fueron ahí atrás. Y que el guardia no se pegue una ostia con la moto yendo al curro… sobre todo, porque dejaría de disfrutar de la parte alícuota que le corresponde de los 56 euros mensuales.

¡Cosas de charcuteros!

Será que estás menos jodido de lo que dices… No, es cuestión de asumir lo que la vida te impone, y el que es un charcutero, es un charcutero, y cuando haya que palmar, se palma, justo en ese momento, ni un minuto más, sin que la edad cuente para nada. Los charcuteros, también.

Dice el refrán: “Dentro de unos años todos calvos”. Jejeje: “Dentro de unos años, todos en Parla”. Sí, seguro, pero unos antes que otros.

CURIOSIDAD: En uno de los prospectos que acompañan a las medicinas que estoy tomando, indican como posible efecto secundario, el priapismo, que por si alguno no lo sabe es que se pone el pito tieso aunque no exista estímulo sexual. Estoy viendo que al final, me visto de luces en uno de esos momentos de efectos secundarios y me voy con Trujillo a torear, y la liamos.

 

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