Obituario

Adiós Gonzalo, adiós compañero

Diario La Región.- Ourense.


José Paz
05/05/2018

Llamadas que te dejan frío, helado; malas nuevas que quisieras no haber contado."Ha fallecido Gonzalo", escucho al otro lado del teléfono.

En este mundo hay personas, contadas, y de las otras; a todos nos gustaría ser una de ellas, aunque fuéramos simples becarios de servir café. Gonzalo Belay era parte de ese privilegiado club; un niño grande, todo corazón, en su muralla de 1,90. “Una persona luminosa, con una energía muy positiva”, apunta la compañera Monchi Sánchez. Toda la redacción queda muy tocada.

Sin pretenderlo se hacía querer; como compañero era el que todos quisiéramos haber tenido. Soy un afortunado, lo confieso, por haber compartido despacho y tareas durante un tiempo –poco- pero del que a uno le costará una vida desprenderse. A la familia, a la sensible Diana, tan unida al padre; a Lourdes, la mujer, inseparable compañera, le quedará el consuelo, si es que algo así es posible ante tan irreparable pérdida, de haberme permitido compartir tareas con un trabajador nato, infatigable, capaz de asumir nuevos retos desde los que había que bregar duro y adentrarse en territorios no siempre firmes. Y cumplió con creces, lo digo desde el territorio del corazón que nunca engaña. “Estaba encantado con el trabajo , le encantaba andar de un sitio para otro; estaba feliz”, me dice Lourdes, desde el desconsuelo. Pero lo suyo eran sobre todo los coches y el rugir de motores. En el mundo de los rallyes su trabajo como fotógrafo era uno de los más respetados. Su calendario tenía días, meses como el de todos, y las fechas marcadas del mundial o de cualquier prueba que mereciera la pena. Sus vacaciones eran así.

Sus fotos eran potentísimas, amaba tanto ese deporte que brillaban por sí solas, sin mayor esfuerzo aparente que el ejercicio de vida vivido y el saber dónde posicionarse en cada momento. El oficio y la afición la heredó del padre, un histórico de la foto del motor cuyas imágenes llenaron miles de ejemplares de este periódico. Desde el dolor infinito de un padre a quien la muerte de un hijo le precede se preguntaba por los porqués. No hay respuesta.

Sus amigos, que eran muchos, echarán de menos a este caballero bonachón que esta ciudad ha tenido como vecino; y también Pereiro, donde habitaba, y donde hace unos días uno se despedía de él, con la impresión de hacerlo de manera rutinaria.

Hasta siempre, Gonzalo.

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