DE LO LEGITIMO

Y DE LO LEGAL

 

 

 

En la carta, plena de hipocresía que hace unas semanas el presidente Fernández, rey de la estulticia, dirigía a los miembros del Pleno de la URE y luego a todos los socios, entraba en considerar que su equipo directivo estaba legitimado por las urnas, y con tal argumento exponía su deber de seguir trabajando… bla, bla, bla.

Esto decía:

"Este equipo directivo, legitimado por las urnas y los socios hace poco más de un año, debe seguir trabajando por nuestra asociación, la responsabilidad y el sentido común nos lo exige."

Si nadie ha cuestionado el inesperado y chapucero relevo ¿a qué viene justificar su legalidad? Será que en su cabeza rondaba la inseguridad de quien desconoce la normativa social y la legal, y sin que nadie le pida que se justifique, lo hace… y ya se sabe que el que se justifica sin que nadie se lo pida es manifiestamente culpable. Pero ¿culpable de qué? De chapuza.

En mi QRX… “Pedro al desnudo” traté de no hacer sangre en lo que venía a ser evidente, la chapuza sucesoria, pero no dejé de advertir que: “la legalidad y la legitimidad de su acceso a la Presidencia de la URE no era cuestionable (…) pero el programa ha de ser el mismo con el que ese grupo de socios accedió a la dirección de la URE.”

Esto era otra evidencia: si la legitimidad se basa en las urnas entonces el programa ha de ser el mismo que los socios votaron en esas urnas, y en ningún caso “otro” nuevo.

Porque –escribí- “si, ido el tal “Enrique, como nuevo, legal y legítimo presidente, Pedro, entiende que ha de aportar un nuevo programa, entonces, tenemos que cuestionarnos que el tal “Enrique” nos ha tomado el pelo (me incluyo, ya que mi cuota, pagada por todo el año 2013, está en vigor) y sus compañeros de directiva, ahora, dan a entender que no compartían aquel programa. Si es así, la legalidad no es discutible pero sí la legitimidad: Programa nuevo… urnas nuevas.”

Esta es la cuestión: la “nueva” Presidencia solamente está legitimada desde las urnas si el programa es el mismo. Si hay “otro” programa diferente al que los socios votaron, entonces hay que cimentar la legitimidad en una nueva convocatoria electoral. En democracia importa el fondo de las cuestiones, pero no menos las formas.

Pero ¿cómo se produjo este inesperado y todavía no explicado relevo?

Que se sepa, en el Pleno ordinario de junio del 2013, un año después de las elecciones, y horas más tarde en la AG ordinaria, el presidente Herrera informa que por “asuntos personalesrenuncia a la Presidencia de la URE y que le sustituirá el en aquel momento interventor, Fernández, ya que el vicepresidente Paradell, a su vez, renuncia a sustituirlo; y el tesorero Galiana, a su vez, también renuncia a sustituirlo. Aquí podríamos decir que una cosa es lo que informa y otra lo que hace; pero mejor vamos a lo que establece el artículo 21 del RRI:

“En caso de ausencia o cese del presidente, ocupará su puesto, con todas las atribuciones que son inherentes al cargo, el vicepresidente. Si se produjese vacante simultánea de ambos, presidirá la URE accidentalmente el tesorero o el interventor, por este orden, que convocará inmediatamente elecciones a JD.”

Quizás deberíamos de consultar el diccionario y aprender a diferenciar tres verbos que se utilizan habitualmente y de forma indistinta, sin reparar en lo que cada uno significa. Veamos:

Renunciar o declinar, dimitir, cesar.

Si renuncio a un cargo, caso de Herrera, ceso en las funciones propias del presidente. Ya tenemos dos verbos: “renunciar y cesar”. Lo que no puede es “cesar” en las funciones de presidente, si antes no renuncia al cargo. Pero renunciar equivale a dimitir. Así que lo que informa Herrera es que renuncia al cargo, y expresada esta voluntad, la consecuencia es el “cese” en las funciones de presidente. Por lo tanto y pese al aparente galimatías, el hecho sustancial es que Herrera al renunciar “cesa” como presidente de la URE.

Paradell, que se ha destapado como vergonzoso “florero”, viene obligado a asumir la única responsabilidad que le impone el cargo de vicepresidente, que es sustituir al presidente en caso de cese: “ocupará su puesto” es un mandato imperativo, no una posibilidad voluntaria, tal cual le imponen los artículos 21 y 27 del RRI. O cumples la misión para la que has sido elegido en las urnas o estás estafando a los electores. Entonces, si el presidente cesa por “asuntos personales”, la Presidencia no puede quedar vacante y el vicepresidente viene, insisto, obligado por imperativo legal, a ocupar su puesto con todas las atribuciones y con todas las responsabilidades. ¿Qué clase de directivo es Paradell que renuncia a cumplir el compromiso adquirido en las urnas con los socios que lo eligieron vicepresidente? Pero Paradell, el mayor y más vergonzoso fracaso de esta candidatura, no quiere ser presidente y renuncia, al igual que Herrera, pero en vez de por “asuntos personales”, el acto es directamente una expresión de cobardía: quiere sacar pecho como directivo pero no asume responsabilidades. Así que, una vez informada la AG por el presidente saliente, su renuncia a sustituirle, cesa en sus funciones de directivo. Porque su única obligación se contempla expresamente en el artículo 27 del RRI:

“El vicepresidente desempeñará las funciones que le sean encomendadas por el presidente y le sustituirá con arreglo a lo dispuesto en los artículos 18 y 21 de este RRI.”

Estos dos artículos se antoja imposible que Paradell no los hubiese leído. Además, la ignorancia no exime del cumplimiento de las normas. Son verbos imperativos, ineludibles y solo soslayables con la dimisión. Como consecuencia, la situación de Paradell fue: o asumo mi responsabilidad o renuncio a la vicepresidencia. Y el hecho es que renunció a asumir la responsabilidad que el RRI le impone. Renunciar es dimitir, y por lo tanto, cesar en sus funciones de vicepresidente. Ya tenemos dos ceses y por lo tanto dos exdirectivos.

El artículo 21 del RRI, en caso de vacante simultánea, impone:

“Si se produjese vacante simultánea de ambos (presidente y vicepresidente), presidirá la URE accidentalmente el tesorero o el interventor, por este orden, que convocará inmediatamente elecciones a JD.”

No cabe duda de que producidas las dos vacantes por renuncias del presidente y del vicepresidente, el acceso a la Presidencia le corresponde al tesorero Galiana, pero a diferencia del vicepresidente, la normativa impone que accede al cargo de forma accidental y con la obligación de “convocar inmediatamente elecciones a JD”. Pero Galiana no asume esta responsabilidad que la normativa impone y renuncia a sustituir a Herrera, o sea, a ser presidente de la URE. Renunciar a ejercer una función que impone el RRI a un directivo supone no aceptar la responsabilidad y por lo tanto el cese directo en sus funciones. ¿Será que Galiana tampoco ha leído la normativa y los compromisos que adquiere con los socios en las urnas? Pues ya tenemos tres exdirectivos.

El mismo artículo 21 en su párrafo final establece:

“En caso de que se produjesen tres vacantes simultáneas, el presidente o quien le sustituya deberá convocar inmediatamente elecciones a JD. En ningún caso existirá más de un cargo de JD vacante.”

Se observa que la normativa no deja lugar a dudas al emplear, siempre, verbos en tiempo imperativo.

Así que, cuando Paradell declina ser presidente está incumpliendo un mandado del RRI, que le afecta de manera imperativa, tanto en el artículo 21 como específicamente en el 27, y cesa en sus funciones como directivo. Desde el punto de vista del compromiso con las urnas, al que se refiere Fernández, rey de la estulticia, para afianzar la legitimidad de su acceso a la Presidencia, Paradell, la única vez que es requerido por la URE (los socios a través de la normativa) se escaquea cobardemente, y, como es un “florero” que vive de un apellido ilustre, pacta que cesa en sus funciones de vicepresidente pero inmediatamente es nombrado interventor. Y ese salto no está contemplado ni en la normativa, ni siquiera es posible llevarlo a cabo contratando a un trilero. Porque si cesa como vicepresidente, para que pudiese ser designado interventor, se ha de producir, previamente, la renuncia al cargo de Fernández. No se puede hacer un cambio de cromos. Y sería interesante conocer detalladamente el acta de esta formidable chapuza.

En la misma situación está Galiana, que declina la responsabilidad de ser presidente, cargo al que normativamente puede llegar desde la Tesorería, pues así lo previene e impone el tantas veces citado artículo 21 del RRI, si bien con la condición de convocar inmediatamente elecciones a JD. Galiana declina esa obligación que impone el RRI y decide quedarse de tesorero porque el artículo 21 dice que será el tesorero o el interventor… pero en ese orden. Entonces, para que la renuncia de Galiana no altere el orden reglamentario se tiene que producir una dimisión. No hay tesorero, no hay vicepresidente, no hay presidente… se echa mano del interventor Fernández, que, llorando, se sienta en la poltrona y pretende que la JD sean todos los socios de la URE. (Yo mando, pero la responsabilidad es vuestra).

Pues ya llegamos a Fernández, rey de la estulticia. A tenor del artículo 21 del RRI y una vez que cesan en sus funciones el presidente, el vicepresidente y el tesorero, le corresponde a él sentarse en la poltrona. Pero resulta que ya sólo son dos los directivos (él y el secretario general), y no hay otra que, siguiendo siempre lo que impone la normativa, convocar elecciones de manera inmediata.

Estos son los hechos, otra cosa es lo que en el acta de la reunión de JD, en la del Pleno y en la de la AG, se haya sentado. El “papel” puede con todo, y dado que nadie en los 40 días siguientes ha denunciado esta situación (pocos debe haber en la URE que vivan preocupados de estas chapuzas), el acceso a la poltrona de Fernández, rey de la estulticia, es un hecho legal.

Legal, pero no legítimo.

Decía yo en mi comentario sobre la carta de Fernández, rey de la estulticia, sobre la invitación al regreso a los ahora calificados como “socios en situación de baja voluntaria” (jajaja: cazados por chapuceros y vengativos) que si su invitación era sincera que quedaba aceptada y que contaría con mi colaboración pero también con mi crítica, pues es un derecho democrático. Y le decía, si bien con la boca chica, que “no tenía mochila”.

Pero la tiene.

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