. ¡¡¡Maaaaaaaas TRES!!!

(14 mayo 2014)

 

Cuando estaba estudiando el Bachillerato en los Escolapios de Monforte (Lugo) e iba por tercero, tuve por primera vez en mi vida conciencia de la muerte. En mi casa y siendo apenas un adolescente, estaba convencido de que nunca podría pasar nada porque estaban mis padres que eran capaces de resolver cualquier situación por negativa que pudiese ser. Mis padres, para mi criterio, eran un blindaje de total seguridad. Dos de mis condiscípulos, hermanos y gemelos, y un tercer hermano que iba un año por delante de nosotros, un día, los habían venido a recoger temprano para llevarlos a su casa porque había muerto su padre. Entre Monforte y el pueblo de mis condiscípulos no había gran distancia pero sí una infernal carretera de aquellas de los años 40, así que mientras viajaban a su casa los demás nos quedamos comentando la mala noticia. Por la noche no fui capaz de dormir pensando en la muerte del padre de mis amigos, que era, además, el médico del pueblo. No entendía que la persona encargada de cuidar que no se muriesen los vecinos de aquel pueblo no fuese capaz de evitar su propia muerte. Y también pensé en qué futuro le quedaba a aquella familia si el encargado de aportar el sustento y de cuidar de ellos estaba muerto. Quizás los tres hermanos no volverían más al Colegio de los Escolapios porque ahora la familia no tendría dinero.

A los tres días regresaron los tres hermanos, se incorporaron a las clases y todo discurrió con normalidad. Poco a poco mis pensamientos y mis cábalas sobre la muerte y el futuro de la familia de mis compañeros se fueron diluyendo en el quehacer diario de las tareas escolares. Pero ahora que han pasado tantos como 70 años tengo en esa parte de la memoria en la que se almacenan singulares sensaciones, entre otras, esta de la primera vez que he pensado en la muerte y en que los padres eran vulnerables, aunque fuesen médicos. Y cuando últimamente nos reunimos los que vamos quedando de aquel curso, me encuentro con uno de los dos hermanos gemelos, y hablamos de aquella experiencia.

Cada día que pasa, cada mes o cada año, es un tiempo que se añade a la experiencia vital de cada uno de nosotros, y un tiempo que se resta a la expectativa de vida. Cuando alguien dice algo tan común como: “espera unos minutos que ahora te atiendo” no nos preocupan esos minutos, que son perdidos, sobre todo si somos jóvenes o relativamente jóvenes, pues pensamos que nos sobran minutos, horas e incluso días. Dicen en los medios informativos que los jugadores del Real Madrid desde hace una semana sólo piensan en la final de Lisboa, y que por eso han “tirado” la oportunidad de ganar la Liga. O sea que los últimos cuatro partidos que les quedaban por jugar no existen, los han borrado, y pasan por esas jornadas sin vivirlas, sin intensidad, sin exponerse a una lesión. Son jóvenes y no son conscientes de que han dilapidado una parte importante de su vida activa, de una vida, además, corta en lo deportivo, que tiene fecha de caducidad y ya no podrán recuperar. Cuando se percaten tendrán por encima de los 30 años y ya no serán lo que ahora son. Y este ejemplo podemos encontrarlo en decenas de situaciones a lo largo de la vida, en edades diferentes, y en coyunturas irrepetibles… porque nos hemos reservado (estúpidamente) para un más adelante.

Ahora mismo estoy cumpliendo 83 años que son un montón de años. Me está costando trabajo llegar hasta aquí porque los últimos meses han sido duros en el aspecto de los sentimientos y en la salud. No puedo decir eso de “espera unos minutos que ahora te atiendo” ni pasar de los avatares que el destino me presenta para reservarme, como los futbolistas. Ya no dispongo de tiempo para dilapidarlo. Todavía me funciona correctamente la azotea y tantos años vividos son compensados con los pocos que me quedan por vivir. Como a todos; aunque esta sensación no se palpe mientras uno se mantiene en edades por debajo de los 70. No es una cuestión morbosa sino un sentimiento de percepción de la realidad.

Mientras reflexiono sobre estas cuestiones la URE también estuvo de cumpleaños: 65. Hay quién aboga sin mayores miramientos por su desaparición para echar a todo el personal administrativo a la calle. Hay quién dice que la actual JD está administrando el entierro de un cuasi cadáver. Hay quién plantea una URE-2, y descapitalizar la actual. Hay quién propone vender la sede social y comprar una nave, y con el dinero sobrante hacer no se sabe bien qué, como si estuviésemos en el momento ideal para estas operaciones. Hay quien dice que la URE tiene el control de la denominación Radio Club España (en realidad ese control lo tengo yo que fui el que refundó ese colectivo y el presidente que figura es José Ortí, EA5RV). Hay quién pregunta para qué se modificó el Estatuto y se obliga a la JD a presentar un estado de cuentas trimestral al Pleno, si tal cuestión no se cumple y a los miembros del Pleno les importa un pimiento. En fin: a falta de debates en congresos y asambleas abundan los debates erráticos en los foros.

Que nos hacemos viejos (unos más que otros) es una evidencia. Que cada año se pierde un número importante de socios es algo que está constatado. Que la Radio que se hace en el Siglo XXI es la misma que se hacía el pasado Siglo XX lo certifica que, si desapareciesen los “activadores” de expediciones las bandas estarían semivacías. Que las fotos de los actos sociales muestran a las mismas personas con un año más, es otro síntoma de la realidad que nos atribula. Que no hay interés alguno por asistir a los actos sociales que organiza la URE es otra evidencia constatada. Que nuestra afición no le interesa a la juventud lo tenemos todos asumido. Que a la URE le sobran más de 100 secciones y todos los dirigentes de ellas y le falta el dinero que se pierde en tan inútil estructura, está bastante claro. Que a la JD no le interesa saber lo que piensan los pocos miembros que acuden a una AG, lo demuestra que se atrincheran en los votos delegados de los ausentes como clavos ardiendo para imponer sus criterios, aferrarse a las poltronas y aburrirlos para que no vuelvan.

Pero los resultados contables (salvo manipulación de cuentas) vuelven a arrojar superávit, y tras la jubilación de uno de los miembros de la plantilla administrativa se han apresurado a contratar a otro, informático, y mantienen la contabilidad externalizada. Con estos datos encima de la mesa la JD no puede proponer aumento de cuota ni hablar de rescindir contratos, y aunque los asistentes no alcancen para imponerse a los votos delegados, votar no y dejar claro que los presenciales no apoyan ninguna modificación de cuota ni rescisión de contrato es vital, si queremos salvar a esta URE moribunda.

Dentro de unos días, en la AG ordinaria, dirán a todo que sí y nadie será capaz de proponer una reforma profunda del Estatuto en la que, entre otras cuestiones, desaparezca el voto delegado y la asamblea esté presidida por un socio ajeno al Ejecutivo. Porque no es necesario cargarse nada ni a nadie: Basta reformar sabiamente el Estatuto.

Síntomas de vejez, de ancianidad decrépita, de aburrimiento, de plañideras lloriqueando ante un féretro. Falta el cadáver. La URE agoniza. El "díes irae" está al caer.

 

 

 

 

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