G. Belay

A finales del verano del año 2000 (más o menos) el Club Campista Ourensano organizó una kkd en Las Médulas, en el límite entre las provincias de Ouense y León, que publiqué en mi "web" y que tras algunas reformas acabé marginando todo lo referente a viajes y campismo. Lo he estado repasando entre lo poco que se "salvó", y me parece interesante recuperar este reportaje que para algunos lectores no tiene novedad si ya visitaron estos parajes, y para otros que gusten de la lectura puede que además de situarlo en su agenda, si deciden pasar sus vacaciones en Galicia les sirva de acicate. Añado, como dato curioso, que en la referencia al decano de nuestros campistas (Angel) tenía 84 años (mi actual edad) y hoy ronda el centenar. Y sigue acudiendo a las acampadas.

 

 


ACAMPADA EN LAS MEDULAS (BIERZO)

EL ORO QUE MOVIO MONTAÑAS

 

Entre el 22 y el 24 de septiembre del añlo 2000 el Caravaning Camping Club de Galicia Ourense organizó una acampada en las orillas del lago Carucedo, en la comarca de El Bierzo, con en fin de realizar una visita a las que fueron las más espectaculares e importantes minas de oro de la Península, que fuesen explotadas por los romanos hace ahora la friolera de unos 2.200 años. La verdad es que para los ourensans "están" ahí al lado, a unos 140 kilómetros de la capital, y para quienes hemos vivido muchos veranos de nuestra niñez en el formidable valle de Valdeorras, aun más cerca. Cuando no existían autovías por Galicia, ni siquiera carreteras en mediano estado, en mis frecuentes viajes por ahí adelante fueron muchas las veces que opté por la ruta de Ponferrada para evitar el aburrimiento, siempre contemplaba intrigado aquellas montañas medio rotas, que tenía muchas ganas de visitar y comprobar en qué consistieron aquellas explotaciones.

La ruta para llegar al lago de Carucedo no ofrece problema alguno. La carretera desde Ourense a Monforte, valle de Valdeorras y pasando el límite con la provincia de León, enseguida y tras cruzar unos túneles, aparece señalizado el desvío. Toda la carretera es buena, y llegados al desvío apenas se nota diferencia en el firme.

EN UN SEMBRADO

Los organizadores tenían previsto y "reservado" un terreno de barvecho con restos de la última siega, a orillas del lago y al pie del pueblo, con fuente de agua abundante y servicios que nos permitieron utilizar. Así que, la acampada era libre pero civilizada.

Es costumbre de los clubes anunciar este tipo de acampadas a los demás colectivos, pues cada día son más los colegas que aprovechan todos los fines de semana para salir al campo y disfrutar de las caravanas y las autocaravanas, y si hace no mucho para reunir a media docena de familias casi había que ir "animándolos" de uno en uno, parece que ahora las cosas están mejor, porque me sorprendió comprobar que entre los de Ourense y los de Vigo, y alguno de A Coruña, nos juntamos unas 40 instalaciones, entre las que ya empieza a dejarse ver una inequívoca tendencia hacia las autocaravanas, entre las que con gran alegría pudimos (mi esposa y yo) reencontrarnos con dos familias de Vigo de las que concidiésemos en la aventura de Marruecos 2000.

Llegamos muchos el viernes, y el sábado por la mañana se completó la acampada, con el ambiente alegre de las salidas tras la vacaciones del verano y la narración en las tertulias bajo el habitual "avance" de las aventuras y desventuras, que de todo hay. Nuestro decano y Presidente de Honor, Angel López apareció a visitarnos el domingo por la mañana, procedente de otra acampada de club, creo que de León, cargado de periódicos con entrevistas que le habían hecho en Logroño, en Burgos y en el citado León, pues cumpliendo compromisos, no pudo regresar directamente desde la de Logroño con el resto de los colegas de Ourense, y lo hizo escalonando sus estancias en nada menos que tres acampadas, declinando alguna otra invitación por el compromiso ineludible de estar en la inmediata del Marisco, en O Grove, que tendría lugar en el "puente" del Pilar. Además de las distinciones honoríficas y el decanato, Angel es todo un ejemplo de pasión por el campismo, que ha practicado toda su vida con su familia, con sus varios hijos, y en la última época (los hijos acampaban por su cuenta) con su esposa, recientemente fallecida. Ahora, lejos de desilusionarse, continua "tirando" de su caravana y dejándose ver por las acampadas, y no es de extrañar que los medios informativos se interesan por su afición, ya que cuenta con 84 años.

VISITA A LAS MONTAÑAS

Habría que añadir "a las montañas que ya no existen", al menos como fueron hace más de 2.000 años cuando los romanos se asentaron en esta zona donde además de un vino extraordinario, se ha hecho famosa por el "botillo" que es una tripa de cerdo llena del picadillo y los huesos de las costillas que no van al chorizo, los pimientos y numerosos productos de la huerta. Es curioso el contraste entre esta parte del Bierzo y sus inmensos yacimientos de oro, y la de Ponferrada, donde se explotan las minas de carbón.

Se aconseja, y con razón, no ir directamente a las Médulas, sino a un mirador que hay tras un desvío a la izquierda y una subida corta pero empinada. Merece la pena porque además de una vista panorámica desde lo alto, se puede visitar uno de los túneles que para "mover" la montaña se horadaban en ella, y se llega por su interior hasta la misma boca y el barranco que se formó en el derrumbe para extraer el oro. Después se regresa a la base de las montañas en donde hay varios mesones para comer o tomar una cerveza con un bocata, incluso un carro tirado por un buen caballo que por tener, el carro, hasta tiene frenos de disco.

Antes de internarse por los vericuetos, que hay muchos y están señalizados, es interesante detenerse en el museo en el que además de planos y maquetas de los asentamientos, herramienta utilizada hace 2.000 años, se puede ver un video muy ilustrativo en el que te das cuenta de la sencilla y laboriosa ingeniería con la que lograban derrumbar las montañas. Derrumbar no es una exageración, sí el término exacto.

EL AGUA

Uno, contemplando el sistema de acarreo de agua por acequias desde más de 100 kilómetros de distancia, buscando el punto donde la captación tuviese el suficiente nivel de altura para llegar por gravedad a la cumbre de las montañas de Las Médulas, piensa que esto de las escuelas de ingenieros y arquitectos son una pura patraña para distanciarse de los maestros de obras y de los albañiles. Te explican cómo se hizo todo aquello y todos acabamos recordando que en Cataluña una riada se llevó un puente recién construido y quedó en pié el viejo. O miras para el puente romano de Ourense, el que tiene el arco de mayor "luz" de todos los puentes romanos, y sabes, si eres maduro, que por ahí debajo pasaron muchas riadas y avenidas, y el puente sigue allí. O el romano de la portuguesa y vecina ciudad de Chaves, con otros 2.000 años desde su construción, al que los modernos "doctores" ingenieros le quisieron proteger con unas zapatas de hormigón y llegada la primera crecida crítica del río, las zapatas desaparecieron, pero el puente que hicieron los romanos sigue en pie. Aquellos tipos de la antiguedad discurrían mucho y bien, desde la palanca de Arquímides al teorema de Pitágoras, y no iban a ninguna escuela de ingenieros ni arquitectos, y se ve que lo debieron de inventar todo porque estos de ahora aparentan ser bastante borregos y no dan inventado nada que merezca la pena,.

Pues el agua, y por lo tanto los conocimientos hidráulicos de aquellos romanos, era la herramienta clave para derrumbar las montañas.

COMO UN QUESO

MIentras unos buscaban y determinaban el volumen de agua necesaria, las cotas de altura y construían las acequias para acercarla, otros procedían a horadar las montañas con túneles de más o menos metro y medio de diámetro, de manera que cada una de las numerosas que allí estaban, acababa por ser como un queso de gruller. Horadada toda la montaña por los puntos críticos que ellos sabían localizar, el agua llegaba por las acequias hasta prácticamente la cumbre, donde quedaba embalsada en un estanque construído al efecto.

Al concluir el trabajo de horadado de la montaña, se "rompía" el embalse en el fondo, en un punto previsto que de inmediato "bajaba" todo el peso del agua por las galerías, con gran presión, hasta conseguir su derrumbe total.

Siempre aprovechando la gravedad de la corriente de agua, todo el material de la montaña derrumbada iba pasando por varias etapas en su caminar hacia el lago de Carucedo, extendiéndose el material de tipo arcilloso y con grandes cantidades de cantos rodados, al tiempo que se realizaban las tareas de seleccionar el oro.

MUCHAS PERSONAS

En toda esta faena y sin la maquinaria que hoy disponemos, la mano de obra estaba confiada a miles de personas, cada una en su especialidad. Las gentes de por allí no estaban en régimen de esclavitud como inmediatamente se nos viene a la mente, sino en convenios pactados. Para horadar los túneles se utilizaban unos enormes y pesados martillos, y unos punteros que pesaban del orden de 50 kilos. El trabajo era, sin duda, penoso, pero de allí se llevaron los romanos bastantes toneladas de oro, y aun hoy, son bastantes los que acuden a las orillas del río Sil a buscar pepitas, algunos por afición y otros para ganarse la vida, aunque me da la impresión de que los romanos se llevaron prácticamente todo, visto el estado en el que dejaron aquellos parajes.

La excursión da para pasar un buen fin de semana recorriendo los vericuetos y metiéndose por los túneles. Y de paso aprendiendo algo de historia. Oro, soñaríamos todos por encontrar alguna "piedra" que se hubiesen olvidado los romanos, pero a lo más que se llega es a, si no se anda con cuidado por lo túneles, recibir un buen coscorrón en el coco de más de un collo de los que abundan por paredes y techos.

Viaje, recomendado, interesante, sorprendente y con buena gastronomía a mano.

 

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