MESSI Y LOS OTROS

 

 

 

 

Partiendo de la presunción de inocencia y del hecho evidente de que lo único que hay es una querella contra Messi y su padre por presunto delito fiscal, resulta innegable que esta noticia ha repercutido en todas las portadas de la prensa mundial, ha abierto todos los telediarios y los noticiarios de las cadenas de radio.

Algunos analistas especializados en temas fiscales establecen, caso de que la querella sea admitida a trámite, oídos los querellados (Messi y su padre), llevado a cabo el juicio y si todo se probase, además de una condena entre 1 y 5 años de prisión, una sanción del séxtuplo de la cantidad defraudada (más de 4 millones de euros) que pudiese ascender a unos 24 millones. Dicen, también, que en caso de que Messi aceptara la culpabilidad, no habría condena de prisión y el montante de la devolución se quedaría (es un decir, claro) en 10 millones de euros.

Dada la notoriedad del futbolista (el ejemplo que para los niños, y para el resto de los ciudadanos agobiados por la crisis, los recortes y el paro), y sin ir más allá de la ya enorme repercusión mundial de la noticia, la imagen de Messi está perdiendo enteros; no digamos si se confirma la presumible ruta que este asunto puede seguir.

De cara a la inmediata temporada, con las dificultades que la mayoría de los ciudadanos están pasando, cuando el Barça visite estadios, no es difícil imaginarse lo que desde las gradas tendrá que escuchar el habilidoso jugador.

Pero si a Messi, por su merecida fama y popularidad, y no menos por la importancia de la cantidad presuntamente defraudada, se le agranda la situación a los niveles que ya estamos viendo, hay otros presuntos defraudadores, sin duda de cantidades menos espectaculares y por sistemas menos sofisticados y más elementales, que también pretenden llevárselo crudo, y como “Hacienda somos todos”, eso que se llevan crudo lo pagamos el resto de los contribuyentes, en parte con nuestros impuestos y en parte soportando los recortes en servicios, como por ejemplo, el pago de parte de los medicamentos (los pensionistas), una enseñanza precaria, etc.

Imaginemos un funcionario que se jubila en alguna de esas ciudades que tienen un régimen fiscal especial para ellos. Imaginemos que, una vez jubilado, abandona esa ciudad y viene a residir a otra en la que el régimen fiscal es el normal para todos los funcionarios. Imaginemos que tenía una vivienda en la ciudad de su antigua residencia, pero la sigue reteniendo para aparentar que su residencia sigue siendo allí y así mantener las ventajas fiscales. Imaginemos que tras 3 ó 4 años se descubre el pastel y Hacienda le obliga a devolver las cantidades defraudadas y le impone una sanción del séxtuplo de esas cantidades. Imaginemos que todo esto ha ocurrido y que el funcionario jubilado aceptó (¡qué remedio!) la sanción y ha pedido una moratoria para ir cancelándola en cómodos plazos. ¡Vale! Pues como este ciudadano no recorre los campos de fútbol como Messi, no tiene esa “pena de telediario” que supone la justicia directa que ejerce el ciudadano indignado desde la grada, o desde la Puerta del Sol de Madrid, o a través de los “scrachts”: pero se supone que, al menos, no debería de asomar la cresta en los gallineros.

Por seguir imaginando, imaginemos una asociación civil sin ánimo de lucro. Imaginemos a un dirigente que ha perdido el respeto de si mismo y sabe que nada que le pueda suceder en el futuro le afectará… porque está convencido que no tiene futuro y lo que cuenta es vivir el presente. Imaginemos que este dirigente instrumentaliza la referida asociación para obtener determinadas subvenciones de organismos oficiales, destinadas a países subdesarrollados, además de alguna otra y bastante descarada manera de obtener dinero. Imaginado todo esto, ahora, imaginemos que otro miembro de esa asociación, como miembro y a la vez como ciudadano, decide denunciar estos hechos a fin de que los organismos recuperen las subvenciones libradas. No hay ciudadano decente que no pueda decir que ese otro que denuncia estos imaginarios hechos, está cumpliendo con su deber de eso, de ciudadano decente.

Esto es pura ficción; una película de malos y buenos, donde el malo es el dirigente que instrumentaliza la asociación y el bueno el que denuncia tales imaginarios hechos. Todo ficción cuyo parecido con algo que pueda haber ocurrido, es pura coincidencia.

Pero el tiempo pasa y aquel que era el malo de la película ha desaparecido, y el que era el bueno e iba de ciudadano decente, resulta que, al final, como cuando se descubre que el asesino era el mayordomo, es el funcionario defraudador.

Cada uno de estos ficticios personajes pagó su peaje: uno con su desaparición de la vida social y, el otro, imaginemos que devolviendo el dinero defraudado a Hacienda más el séxtuplo de esa cantidad. Una pequeña pasta. En los dos casos dinero era de todos los españoles.

¿Alguien, que pertenezca a alguna asociación civil sin ánimo de lucro, vería con buenos ojos que un defraudador fuese dirigente de ese colectivo? Siendo objetivos y siempre desde la más pura y dura imaginación, los defraudadores que Hacienda “pilla” y son sancionados, una vez que cumplen la sanción son ciudadanos con los mismos derechos que cualquier otro; en la asociación civil sin ánimo de lucro, se ha de considerar que la sanción impuesta no añade la inhabilitación para ejercer cargos dirigentes en estas asociaciones, ni siquiera ha de suponer un obstáculo para que siga perteneciendo a ella, en la que conserva todos sus derechos. Sería ir más allá de la imaginaria resolución impuesta por Hacienda. Eso sí, en ausencia de gradas desde donde poder gritarle lo que de él pensarían los ciudadanos, al menos, un poco de vergüenza ajena produce imaginar a estos individuos en cargos dirigentes, incluso administrado el dinero y juzgado la conducta de los demás. ¡Menuda jeta!

Conozco una asociación civil sin ánimo de lucro en la que a lo largo de su historia, al menos, dos socios fueron condenados a pena de muerte, luego condonada por un montón de años de prisión, finalmente y cumplida la condena, se incorporaron a la vida civil; durante todo el tiempo que duraron sus condenas siguieron siendo socios de esa asociación, pues las condenas no incluían la inhabilitación de pertenencia a asociaciones. También que otro socio pretendía que un condenado por una falta de injurias fuese expulsado, aunque en la condena tampoco figure que se le inhabilite para ser socio…

Pero bueno, todo esto es pura imaginación, una película de ficción, de cine negro. Porque el baldón que le está cayendo a Messi es descomunal, pero ¿y los otros?

 

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