MUSICOTERAPIA

 

 

 

Tengo un amigo de esos que nos vemos de tarde en tarde, y que nos conocemos desde la infancia. Coincidimos a lo largo de los estudios de primaria, luego en el bachillerato y siempre en la cercanía, aunque cada uno tuvo sus amistades y aficiones. Él, mi amigo, era hijo de un conocido médico de los años 60, en Ourense, y como es normal acabó siguiendo la profesión de su padre, o sea, médico. En mi caso y en esos años en los que uno empieza a escoger qué será de mayor, quise, como mi padre, ser militar, y me gustaba la marina para la que me preparé pero no pude acudir a ninguna convocatoria de ingreso; en el ejército de tierra y en la guardia civil, lo intenté dos veces quedando en puertas. Acabé abandonando la idea y mi vida se desarrolló por otros caminos bien diferentes.

De cuando en cuando me encuentro con mi amigo. Habla muchísimo, y cuando digo muchísimo, es muchísimo si añado que habla más que yo, que ya es hablar. Es de los que para que le atiendas agarra por el brazo al que tiene a la derecha y por si el que está a la izquierda se le pasa por la imaginación decir algo, lo agarra también. Ahora, nos encontramos una vez al año cuando nos reunimos los antiguos alumnos de los Escolapios de Monforte, de nuestro curso. También, al coincidir en séptimo en otro colegio de Ourense, nos hemos reunido hace algún tiempo.

Me acuerdo que entre los compañeros, además de médicos y variadas profesiones, estaba el Padre Silva, fundador de la Ciudad de los Muchachos (fallecido recientemente), y este amigo estaba empeñado en aprovechar un viejo balneario que estaba abandonado para hacer allí una residencia de ancianos y meternos a todos. Todavía, en aquella reunión, no habíamos llegado a los setenta… y claro, había que hacer una foto, pues para eso yo era fotógrafo. ¡Joder! No me gusta nada esto –les dije- porque si nos volvemos a reunir empezaremos a contar los que faltan… y claro, uno quiere meternos en un geriátrico, el otro es cura y nos dará la extremaunción, y ya sólo falta que uno tenga una funeraria para que nos entierren…

Tiene la manía (loable, por supuesto) de estar siempre tramando algo, y a la que te descuidas te involucra en sus proyectos e ideas, y siempre (ahora que está jubilado y es octogenario como yo) está barruntando en la fundación de grupos solidarios de cara a mejorar la situación de otros ancianos que están en situaciones críticas. Lo último es la "musicoterapia" para quienes padecen alzheimer, o demencia senil, o crisis de soledad.

El otro día me llamó para charlar conmigo de todo esto. Lo cierto es que se había publicado una carta mía al director del diario local, dando las gracias a todo el personal sanitario del Hospital que tuvo cierta repercusión, y se acordó de mí y me vino a ver, pues no se había enterado del fallecimiento de mi esposa. Mi amigo estuvo (hará unos cuantos años) en Pereiro de Aguiar como médico y conoce a muchos de los vecinos.

Bueno, como no es la primera vez que me quiere involucrar en sus ideas y proyectos, y al comprobar que en apariencia mantengo mi vida más o menos como antes y que no me agobia la soledad, lo invité a que comprobase lo que supone para mi asomarme todas las mañanas a la ventana y contemplar el paisaje; y, por las tardes, las diferentes puestas de sol. Después nos acercamos a uno de los bares del pueblo (hay dos) donde me explicó que antes el bar era la trastienda (es un bar/tienda y hasta no hace mucho, carpintería) y por las tardes él tenía allí la consulta.

Le expliqué que además del paisaje que divisaba desde la ventana, también bajaba a pasear por el sendero que circunvala el embalse del que beben todos los ourensanos de la ciudad, que son cuatro maravillosos kilómetros. Que, según la época, en el embalse hay varios cientos de patos; que luego se quedan las hembras; que después aparecen los parrulos detrás de las hembras; que al poco tiempo (primavera) todos vuelan hacia el norte; que aparecen cormoranes; que también aparecen gaviotas; y cigüeñas y garzas. Ahora, empiezan a regresar los patos camino del sur. Que poniendo atención y no armando ruido se pueden ver tortugas y algunos visones procedentes de granjas cercanas en las que algunos ecologistas entraron y los soltaron… aunque no tengo claro si estos visones están haciendo bien al entorno o no tanto y los ecologistas, queriendo hacer no se sabe bien qué, fue peor el remedio que la enfermedad.

Le expliqué que, según la época del año, los carballos están verdes u ocres, y que cuando les cae la hoja paseas sobre una alfombra impresionante. Y en pleno invierno pisas charcos helados y oyes como cruje el hielo bajo tus pies. Y, si llueve, con un enorme paraguas que me regalaron en un congreso de radioaficionados, en Ceuta, el paseo se hace música celestial al caminar y oír cómo la lluvia rompe en él. Que los muros tienen siglos y la piedra “habla” como hablan los árboles y los matorrales, si tienes sensibilidad para disfrutar de la naturaleza y al mismo tiempo respetarla. Que esa, en suma, es mi personal “musicoterapia”, porque escucho a los pájaros, oigo el río en su llegada al embalse o en su caída en la presa; y como soy libre e independiente, escucho lo que me dicen los árboles y las piedras. A todo esto se une que aunque mi esposa nació en Ourense, su familia por parte de madre era toda de este pueblo, y por lo tanto, todo es Ella de principio a fin. Además, durante cuatro años he sido concejal del Ayuntamiento…

De este hábitat no me saca nadie, salvo que me quieran hacer infeliz.

El relato de mi entorno debió de ser tan entusiasta que hasta mi amigo se calló. O quizás, esto es lo que le hubiese contado si me hubiese dado la más mínima oportunidad de decir algo; o, sin decirle nada, él comprendió que en esto de la “musicoterapia” tengo una orquesta filarmónica a mi disposición todos los días. O más: vivo dentro de una grandísima orquesta filarmónica que me proporciona la naturaleza. Hasta tengo un vecino más o menos de nuestra edad que tiene una parcela por aquella zona y estuvo varios meses, él solo, construyendo un muro, por la antigua, con tres postes de los que colgaba una roldana, una cuerda y un par de palanquetas. ¡Pedazo de vecino y pedazo de muro!

Mi amigo se fue todo contento de su visita porque al verme tan animado y dispuesto “le quité un peso de encima”. Así es él: nos vemos una vez al año y estaba preocupado por mi estado de ánimo. Y yo, despistado, no me acordé de preguntarle cómo le iba la salud a él… que me habían dicho que fue operado recientemente, que tiene varios hijos y bastantes nietos y cuando no es uno es otro, debe de estar siempre entretenido. A fuer de sincero, no es que me despistase en esto de preguntarle, sino que ¡es que no me dio la más mínima oportunidad de preguntarle nada!

 

 

EN RECUERDO:

El pasado día 20 de enero me enteré de que mi amigo había fallecido "de repente". Me enterdé tardíamente, ya que me encontraba hospitalizado por un haber sufrido un infarto de miocardio. Se llamaba "Leso" Vidal. Un tipo de esos irrepetibles.

 

 


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