ORGULLO (justificado) DE PADRE

 

 

 

 

El pasado jueves se celebró el acto académico de apertura de curso y entrega de titulaciones a los licenciados que terminaron sus carreras en el curso 2012/2013, de la Universidad Española a Distancia (UNED) de Ourense. Entre los nuevos titulados estaba mi hija María José.

Cuando estaba al borde de los 20 años (ahora tiene 52) se presentó a todas las plazas que se convocaron en la Residencia de la Seguridad Social, especialmente a las de secretarias administrativas, pues para eso se había estado preparando tras terminar los estudios medios. No hubo manera de lograr su objetivo, pero sí logró la única plaza que salió a concurso en una especialidad para la que no se había preparado: Gobernanta de cocina. Posiblemente la más difícil pues por ser una, no cabía otra alternartiva que ser la mejor de todas las opositoras y opositores.

Y así, muy joven, empezó su carrera laboral en un puesto en el que tenía que dirigir (y sigue dirigiendo, ahora con experiencia) a un grupo importante de empleados de la cocina, bregar con proveedores, administrar… y no sé de dónde habrá heredado el carácter, pero en poco tiempo y pese a su juventud, se ganó el respeto de sus subordinados y el de los proveedores, estos últimos acostumbrados a suministrar excedentes o incluso productos caducados. Quedó viuda a los 30 años con sus dos hijos y supo sacar adelante la familia. De un tiempo a esta parte pasaba todos los fines de semana y parte de las vacaciones en casa de sus padres, cuidando y haciéndole compañía a su madre, y estudiando, ya que se había matriculado en la UNED, en psicología. En 4 años terminó la carrera y obtuvo la licenciatura. Su madre, en estos años, vivía la situación intensamente, porque de muy niña, cuando terminó los estudios primarios y sus amigas se matricularon en Magisterio, Ella, huérfana de padre y con medios muy limitados, renunció a seguir estudiando y empezó a aprender costura. Con 14 años se hacía su ropa y la de su madre, y, enseguida, la de las vecinas, siendo el sostén de su casa. Eran tiempos de escasez para muchos, tiempos de estraperlo y de postguerra.

Ella, tenía tal interés cuando nuestra hija estaba de exámenes, que no estaba tranquila hasta que la llamaba para decirle que todo había ido bien. Y, entonces, era la mujer más feliz del mundo; y más, cuando las calificaciones eran siempre con notables y algunos sobresalientes. Tres meses antes de que nuestra hija pasase los últimos exámenes y terminase la carrera, Ella, falleció, sin poder disfrutar de ese momento tan esperado. Ahora, cuando se nos invita a los familiares al acto académico de entrega de titulaciones, Ella, no está, físicamente, pero sí en el recuerdo. No es justo, aunque no hay otra que asumir que llegados a la década de octogenarios…

María José tiene Diploma Clase A (con CW) y fue segunda operadora de EA1VF, indicativo de su madre. Hace años, en un viaje con la caravana que hicimos los tres por la costa del Cantábrico, fuimos haciendo el Concurso Carnavales de Tenerife. Luego dejó la afición, y Ella, pese a tener el indicativo EA1VF y el Diploma Clase A (con CW, como toda la familia) acabó dejándolo.

Como padre me siento orgulloso de que a tal edad, mi hija, decidiese afrontar estos estudios y que los terminase con excelentes calificaciones. Como esposo, siento un pesar tremendo porque Ella ya no esté para verla colmada de felicidad, aunque fuese una viejecita llena de achaques, todos llegados casi de repente y juntos.

Como conozco el percal imagino a alguno que otro tildándome de viejo chocho. No es la primera vez. ¿A qué viene todo esto? Sencillo: No creo en brujerías, ni en espiritismo, ni en camelos sobre el más allá, vengan de la religión que vengan; tampoco en los fastos terrenales hacia los muertos, ni en sepulcros magníficos ni en modestos nichos. No creo que haya un cielo ni mucho menos un infierno. No veo a un Dios infinitamente justo, y al tiempo infinitamente misericordioso; es imposible: si es misericordioso y fuese cierto que hay cielo todos estarán allí; si fuese justo cada cual debería estar pagando sus pecados. Nunca entendí que nadie, por ir a Santiago o a Roma, o a la Meca, logre indulgencias para sus muertos (por si están en el infierno), y menos, que me las pretendan vender. Un ser tan infinitamente misericordioso no puede mandar a un apóstol a matar a nadie por no ser fieles a su doctrina. O arrasar Sodoma y Gomorra, niños incluidos.

Así que, como no creo en nada de toda esa parafernalia inventada por las multinacionales terrenales de las religiones, de los brujos y hechiceros, de los espiritistas… no alcanzo a saber dónde puede estar Ella, una vez que sé, pues de ello fui testigo, que ha muerto; y como a lo más que llego es a tenerla en mi corazón, me permito esta licencia de contarle, en esta "web", que estoy orgulloso, como padre, por si más allá de la vida hubiese alguna manera de disponer de unos minutos para leer estas líneas, y que Ella se sienta orgullosa, como yo, de su hija.

 

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