DE RESTITUIR
y

DEL VOTO PARTICULAR

 

G. Belay.- EA1RF.

26/07/14

Es una cuestión clara que afecta al ya tan traído, y llevado, ”desnivel”, de los cerebros pensantes de la Unión de Radioaficionados Españoles. El verbo ”restituir no existe para ellos, como igualmente ignoran la transparencia y el voto particular. Cuando esto ocurre es que esos dirigentes desconocen la democracia y vienen de tal manera instalados en la dictadura bananera, que no saben otra cosa que sus decisiones sean asumidas por imposición de cojones. No importan los derechos: solo los cojones del presidente Pedro Fernández Rey. Y eso no dura cuatro años y menos si quién tiene que poner serenidad, es otro ignorante.

Si un órgano disciplinario toma un acuerdo de sancionar a un socio, e impone el cumplimiento de la sanción sin esperar que ésta sea firme y confirmada por el órgano superior de apelación, además de constituir un atropello a los derechos elementales que contempla la Constitución Española, la Ley Orgánica del Derecho de Asociación, y el Estatuto y el RRI de la URE, tiene que tener previsto que esa sanción si no ha sido establecida con arreglo a las normas citadas, pueda ser tumbada por ese órgano superior que es la Comisión de Garantías. Si al socio afectado se le causan daños morales en su honor y en su imagen, además de los materiales al obligarle a cumplir la sanción sin esperar el resultado de la apelación privándole de servicios a los que tiene derecho con el pago de la cuota anual, el órgano sancionador tiene que tener previsto cómo ha de restituir los daños a la imagen y al honor, así como los materiales de los servicios de los que fue privado. Es evidente que los daños materiales (privación de acceso escrito al foro) son irrecuperables. Los morales es cuestión del afectado reclamarlos o no, por vía judicial. Entonces ¿cómo se restituyen?

Es la segunda vez (que recuerde) que la Comisión de Garantías tumba un acuerdo de sanción de Junta Directiva, aplicada sin esperar el resultado de la apelación, y en este último caso la Comisión de Garantías se ha pronunciado con celeridad, si bien no tanta que parte del daño, irrecuperable, se haya producido. En términos de Derecho sería jurisprudencia, y por lo tanto norma, en lo sucesivo, a respetar por la Junta Directiva. Vale, pero ¿y el daño irrecuperable? Sólo cabe un camino: la dimisión de los componentes del órgano sancionador, que son los componentes de la Junta Directiva, por imprudencia manifiesta al no tener prevista esta situación.

Hace unos años los recursos se presentaban ante la Asamblea General. Pero surgieron problemas de exceso de tiempo entre el recurso y la reunión de la AG. Pongamos que las asambleas se vienen convocando en junio, obligadamente, antes del 30 de ese mes. Pongamos que un socio comete una infracción en el mes de julio, se le abre expediente y la Directiva le impone una sanción. El socio recurre ante la AG y ésta no se convoca hasta junio del siguiente año. La situación, para el recurrente, es como para estarse cachondeando impunemente, y para la directiva, sumamente embarazosa, a no ser que se convoque una Asamblea extraordinaria para tratar el recurso… asamblea que venía costando en aquellas fechas, entre pitos y flautas, más de un millón de las antiguas pesetas. En la praxis que supone la diferencia entre establecer normas y aplicarlas, se tomó la decisión de modificar el Estatuto en el sentido de constituir un órgano disciplinario que sustituyese a la AG y que estuviese por encima de la directiva, a fin de conocer y resolver los recursos de los socios contra los acuerdos sancionadores de la directiva, y ese órgano es la Comisión de Garantías.

En principio se barajó la posibilidad de que los tres miembros de esta Comisión fuesen elegidos de entre los miembros de la AG, ya que se trataba de una función que venía de ese origen. Luego se acordó que sus miembros viniesen del Pleno. También y por tener origen en la AG, se dio entrada al presidente de la URE, ya que es el presidente de la AG. Y por añadidura, al secretario general. Los dos con voz pero sin voto. Esto último fue un error y ahora se están pagando las consecuencias como se ha comprobado en la grabación de la reunión de hace unos meses. Urge, por lo tanto, separar la Comisión del ejecutivo, dándole total independencia y dejando claro que es el techo y que no vale aquello de ponerse en las manos del Pleno. Por encima de los acuerdos de la Comisión de Garantías sólo está la vía judicial. Sus miembros no pueden escaquearse de la responsabilidad de resolver un recurso, por presionados que se sientan.

Otra cuestión a tener en cuenta es que la AG es un órgano que cuando se reúne lo hace como tal asamblea, y por lo tanto, de libre acceso a todos los asociados. No hay restricciones ni secretos ni puñeterías. La Comisión de Garantías, como queda expuesto, es la síntesis de esa asamblea en materia de recursos, y por lo tanto, no caben ni restricciones ni secretos ni puñeterías. Su actuación es pública y ha de ser transparente en el máximo grado, al moverse en el hilo de sanciones. Si un acuerdo no es por unanimidad de sus tres miembros, al que discrepa no le vale con votar en contra, sino que viene obligado a exponer las razones y los fundamentos de su discrepancia de la misma manera que sus compañeros vienen, a su vez, obligados a exponer las razones y el fundamento del acuerdo. De la misma manera que en un tribunal de Justicia se conoce, públicamente, si un magistrado y quién con nombre y apellidos, discrepa, incluso, ese magistrado expone, por escrito, el fundamento de su discrepancia en lo que se llama voto particular.

No me vale lo que ocurrió cuando el implicado era yo, que Pedro Martínez, EA5ASU, miembro de la Comisión de Garantías, voto a favor de la sanción que me imponía la directiva presidida por el tal Enrique, sin otro argumento que la amistad que con él tenía. Las amistades en asuntos de tribunales, aunque sean aparentemente de andar por casa como las comisiones de la URE, acarrean incompatibilidad para ser juzgadores. Y no me vale el desenlace de que los otros dos miembros se viesen arrinconados por el tal Enrique y el tal Salvador y acabasen pidiendo amparo al Pleno de la URE, y que este órgano que no tenía vela en el entierro, resolviese a favor de los dos arrinconados y como consecuencia, a mi favor, con la traca final de la dimisión del citado Pedro Martínez, EA5ASU de su cargo de miembro de la Comisión de Garantías. Tenía que haber dimitido antes de la reunión. Las varias grabaciones que de esa reunión circularon y están ahí, son la vergüenza de la URE.

Supongo que si hay alguna grabación de la reunión telemática del 25 pasado, los términos de los debates sean de otro tono, aunque en los días previos la presión sobre dos de los miembros de la Comisión ha llegado a límites intolerables por parte de… no me corresponde a mi poner nombre, aunque más tarde o temprano conoceremos con detalle hasta dónde ha llegado alguno y por qué se produjo un 2-1. Ese “1” viene obligado a dar una explicación pública de los fundamentos de su discrepancia, y no digamos del rumor que fija sus aspiraciones en la poltrona del Pleno como escalón inmediato, y en la de la URE a corto plazo. Mala estrategia la elegida por este dirigente.

Tengo que reconocer que, aunque no lo conocía de nada, la impresión que me dio en la reunión de la Comisión de Estatutos en Benidorm no fue buena, ya que estaba trabajando a espaldas de la mayoría de los que la componíamos. Lo que allí presentó, por sorpresa, era un bodrio infumable. Si mi impresión no fue buena, empeoró cuando se disolvió aquella comisión y tuvo el mal gesto para con sus compañeros defenestrados, de enrolarse en una micro comisión, lamiéndole el culo al presidente de la URE para llegar al Congreso de Granada y presentar otro proyecto/bodrio de estatutos, de tal tamaño, que tras aquellas promesas del tal Enrique de que tendríamos un nuevo Estatuto a lo más tardar en junio del 2012, las han olvidado hasta los más ínclitos palmeros. Es curioso, pero no parece haber nadie capaz de exponer las bases de un proyecto de Estatuto, a lo más que se llega es a meterle navajazos al actual hasta desfigurarlo.

Por eso, y porque Catalunya siempre ha aportado dirigentes con clase y conocimientos, urgen explicaciones de ese voto discrepante, si como el rumor apunta, fue él quien se desmarcó de los argumentos de sus otros dos compañeros.

 

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